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Página personal del poeta | |
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CARMEN GONZÁLEZ-HUGUET LA ENEMIGA Nunca amante, ni amada, ni la amorosa compañera, ni la amiga. Nunca la igual, sino la subalterna. La mejilla ofendida. La carne doblegada. La humillación servil. Las manos y la voz encarceladas por el miedo. La que dibuja sumisión disfrazando de amor el cruel despecho. La que se condenó, por siempre y para siempre, a no ser más que sombra y que silencio, a girar sin reposo, ilusa luna, en torno de un planeta indiferente. La que vigila pasos y susurros y vive carcomida de sospechas. La que guardó su castidad preciosa para el festín de la primera noche. La que odió al que devoró las ilusiones de la infancia y la hizo estrellarse contra el polvo de la vergüenza y el asco cotidianos. La que terminó odiando hasta la fecundidad sin pausa de su vientre, condenada a repetir en sus hijas y nietas, como en un laberinto de espejos, el mismo dédalo sangriento y angustioso de su madre y su abuela, y de las madres y las abuelas todas de su estirpe. La que jamás se atreve a disentir en alta voz, pero que va frenando los proyectos de su amo con la insidiosa diligencia de la cizaña y la carcoma. La que cuidó de untarle con hiel hasta los más pequeños goces. La que se condenó al áspero infortunio, la que fue tapiando las rutas a la dicha con los cadáveres de sus propias, marchitas ilusiones. La que gravita, aun hecha cruz de camposanto, sobre su espalda con el peso muerto de una sorda y oculta recriminación. La que lo mira desde el fondo de todos los retratos con su reproche mudo y que, más que un recuerdo en la memoria, se le quedó grabada más allá de la piel, eterna e inmutable, dolorosa, como un remordimiento. Carmen González-Huguet | |