Editorial número 5

ELFOS. Escritos de Leyenda, Fantasía y Obras Similares

No era Hades el dios de los muertos, ni un dios maligno, ni tampoco la propia muerte. Pudo haber sido tan loado como Zeus, tan admirado como Poseidón. Sin embargo, el tercero de los hermanos del Olimpo se convirtió en blanco de las iras de los mortales. Todo porque su reino no fue comprendido.

Le correspondió gobernar el Mundo Subterráneo, y lo hizo con suma justicia y total rectitud, como pocos de entre los dioses. Pero los pobres humanos nunca apreciaron la belleza ni la paz del Reino Oscuro, bajo las montañas.

No se atrevieron a gozar del silencio absoluto que como valiosa joya atesora el aire en lo profundo de las cuevas.

No quisieron disfrutar del sonido eterno de gotas de agua cayendo con ritmo propio entre los ecos de cavidades pétreas, y construyendo con paciencia infinita, arena sobre arena, cristal sobre cristal, estalactitas y estalagmitas.

No supieron apreciar la paz de la oscuridad ilimitada, alimento mágico de la imaginación y del ensueño.

No se aventuraron nunca más allá del Aqueronte ni del Éstige, los ríos frontera entre los mundos. Temieron a Caronte, el Barquero. Por no caer en las llamas del río Flegetón, ni en los lamentos del Cocito, los hombres no apreciaron las maravillas del río Lete, el del olvido.

Pero no fue Hades el responsable de todo ello. Él vivía en el país del Erebo, y acogía a los caminantes, y les permitía continuar su búsqueda por los caminos del Reino Subterráneo. Algunos quizá permanecerían en los Campos floridos de Asfódelo, otros lograrían arribar al Elíseo y gozar con su luz, su música y su felicidad, y regresar cuando quisieran. Otros, sin embargo, quedarían atrapados en el Tártaro.

Y el temor de los humanos hacia este cruel destino es lo que les cegó, y sus ojos se empañaron y no pudieron nunca más imaginar un mundo subterráneo distinto del Infierno.

Fue el triunfo de Tánato, el auténtico Rey de los Muertos, y fue la derrota de Hades.

Pero algunos seres se aprovecharon de la miopía humana, y habitaron los paraísos ocultos de Hades, y sobrevivieron, y se convirtieron en leyendas. Elfos, duendes, enanos, lamias, moras, salamandras y dragones sabios, construyeron sus vidas imaginarias en las ignotas sombras bajo la tierra.

Y aún entre la raza de los humanos, raza dormida para otra cosa que no fuera lo que vieran sus ojos, existieron algunos y algunas que acudieron al útero oculto de la Madre Tierra, y conocieron sus secretos, y salvaguardaron sus ritos, sus historias y sus peculiares creencias. Porque no eran iguales a los demás, hubieron de esconderse, y las cuevas fueron sus refugios.

Y sin saberlo, los mismos que condenaban, se acurrucaban en sus iglesias bajo cúpulas y bóvedas que imitaban imperfectamente la arquitectura divina del Hades.

Caminante, buscador de Leyendas, detén tu camino, da la moneda al Barquero, y cruza este río de palabras.

Caminante, estás invitado a convivir con los que habitaron al otro lado, bajo las sombras.

Chema G Lera

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© copyright 2001 de los autores
© copyright 2001 Chema Gutiérrez Lera
Revista ELFOS
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