"...sentí que algo se movía sobre mi pierna izquierda y que, avanzando blandamente sobre mi pecho, me llegaba hasta cerca de la barbilla; dirigiendo los ojos hacia abajo cuanto pude, observé que se trataba de un ser humano de menos de quince centímetros, que traía en las manos un arco con flecha y una aljaba a la espalda. Al mismo tiempo, sentí que al menos otros cuarenta de la misma especie, según supuse, venían tras el primero. Mi asombro fue mayúsculo y solté un rugido tan fuerte..."