El Cosaco Verde. Tebeos en Aragón en el siglo XX.

El Cosaco Verde. Tebeos en Aragón en el siglo XX. Aragoneria.

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Tebeos del Cosaco Verde que circularon por Aragón e hicieron las delicias de pequeños y Mayores.

Guión: R. Roldan
Dibujos: Fernando Costa

Bruguera publica a partir de 1960, en formato cuadernillo apaisado, El Cosaco Verde, personaje creado por Víctor Mora y que sigue esquemas similares a Trueno y Jabato, aunque ambientado a mediados del siglo XIX. La parte gráfica corre a cargo de Fernando Costa, dibujante detallista y pulcro al que tal vez no se ha hecho la justicia que merece. Personaje inspirado lejanamente en Miguel Strogoff -según confesión del propio creador- el Cosaco Verde es hijo de un “atamán” (jefe de cosacos), que tiene su campamento junto al río Don, en las inmensas estepas donde rusos, turcos, kurdos, kirguises, mongoles y otras variadas etnias conviven difícilmente. Pero nuestro héroe prefiere vagabundear en busca de aventuras que seguir los pasos de su padre, lo que le llevará a recorrer el mundo enfrentándose a bandidos, piratas, tiranos y algún que otro científico loco, llegando incluso al lejano Oeste, donde conocerá a Buffalo Bill.

El Cosaco Verde número 17. El Fin de un pirata./

Como es propio de este tipo de series, el protagonista va siempre rodeado de un grupo de amigos incondicionales. El forzudo Karakán es un montañés gigantesco cuyo extraño idioma solo el Cosaco entiende. Iván es un adolescente a quien nuestro héroe adopta en el primer episodio, tras salvarle la vida. El humor lo pone Sing Li, filósofo bajito y regordete, que tiene a mano un proverbio chino para cada ocasión, personaje en apariencia inofensivo pero capaz de sacarse un cartucho de la manga y provocar una escabechina en las filas del enemigo. La eterna novia del protagonista es en este caso Sankara, bella mongola de armas tomar, hija de un jefe de clan. Pretende casarse con el Cosaco, ya que -según ella- los padres de ambos los prometieron siendo niños.

El Cosaco Verde número 35. Contra Katang./

En los años 90 Ediciones B publicó una edición facsímil de los 144 cuadernillos que componen la serie.

EL COSACO VERDE. PEQUEÑO BOSQUEJO EDITORIAL.

De las tres grandes series que Víctor Mora realizó en la colección Super Aventuras (heredera directa de la llamada Colección Dan) de la editorial Bruguera, es El Cosaco Verde la más desconocida a consecuencia de ser la menos reeditada. Como es bien sabido el trabajo fundamental en este formato es El Capitán Trueno que alcanzó la friolera de 618 ediciones, además de numerosos almanaques y extras, fechadas entre el 14 de mayo de 1956 y el 12 de agosto de 1968 y que como valor añadido presenta numerosos soportes editoriales que abarcan material original, reediciones fieles al formato original y refritos de una más que dudosa calidad. La siguiente en antigüedad realizada en su totalidad por Víctor Mora y en la misma colección Super Aventuras es El Jabato que se prolonga durante 381 ediciones, con sus pertinentes almanaques y extras. La obra está fechada entre 10 de octubre de 1958 y el 21 de enero de 1966. Como en el caso anterior el personaje goza de otros módulos editoriales si bien son menos numerosos, menos reeditados y en definitiva menos investigados por los estudiosos del medio.

El Cosaco Verde número 106. Lucha en lo alto./

El Cosaco Verde se mantiene en el mercado durante 144 ediciones fechadas entre un 16 de mayo de 1960 (coincide con el número 189 de El Capitán Trueno y el 84 de El Jabato) y el 11 de febrero de 1963 (cuando El Capitán Trueno llevaba una numeración de 333 ejemplares y El Jabato de 228) a las que tan solo se acompaña por un extra de verano y un almanaque, ambos de 1961. A diferencia de las obras anteriores, este personaje no se benefició de otras modalidades de edición permaneciendo en la oscuridad de los recuerdos hasta que una reedición fiel acontecida en la última década del pasado siglo le concedió algo de luz y suficiente prestigio en forma de evocación nostálgica. Si El Capitán Trueno fue uno de los grandes éxitos de la editorial y del tebeo español en general, manteniendo su éxito durante más de 50 años hasta alcanzar la categoría de clásico, y El Jabato alcanzó prácticamente la misma notoriedad de Trueno, pero sin continuidad en el tiempo, estos mencionados logros editoriales no pudieron obtenerse en El Cosaco Verde. Una tercera imitación del gran éxito era ya inverosímil, incluso para un gigante como Bruguera que siempre ha preferido competir consigo misma que con otras editoriales rivales.

A MODO DE INTRODUCCIÓN. EL CUADERNILLO DE AVENTURAS.

Representa una forma de edición de historietas importado de la Italia anterior a la Segunda Guerra Mundial con formato apaisado, papel de baja calidad, impresión en blanco y negro con dilatadísima numeración que prolonga hasta el infinito las interminables aventuras de unos héroes monolíticos. Una forma de editar tebeos que se convierte en un producto industrial integrado en la España de los años cuarenta y estirada durante veinte años hasta el final de los años sesenta en que prácticamente se extingue este soporte editorial. Las gigantescas tiradas que tuvieron determinados títulos se explican por su carácter popular, su escaso precio (sensiblemente más económico que el cine) y la ausencia de otras formas de cultura / entretenimiento (en esencia la televisión) que satisficiera estas necesidades en la población juvenil, especialmente la masculina. Esta aceptación les hizo dominar el mercado del cómic español en detrimento de las revistas juveniles que habían dominado el frágil tejido industrial nacional durante décadas anteriores.

Los argumentos de estas publicaciones eran reiterativos puesto que los mismos héroes con los mismos supuestos ideológicos y distintos ornamentos se movían en un mundo tan irreal (tanto en su geografía como en su sociología) como hecho a sus medidas defendiendo valores en alza en aquella época como el machismo, la religiosidad, el celibato y un cierto desarraigo cosmopolita entre otros. De otra parte se condena y combate desde actitudes que atentan contra la más elemental de las éticas hasta ideologías poco afines al régimen que por aquel entonces imperaba en España. Los héroes eran pues violentos, de religiosidad contrastada, célibes (ellas eran vírgenes con repulsa a perder la pureza), amigos de sus amigos y prometidos de sus novias cuando las tenían. Si no era así presentaban un perfil similar al de un monje guerrero con claro desprecio hacia las hijas de Eva, pues son poco inteligentes, distraen de una misión sacra y llevan en su ser el vil pecado de la carne. Estereotipos monolíticos afines al régimen político que presentaba el país.

Pero por encima de todo, las historias en ellos contenidos debían de ser distraídas, pues cuando se realizan los pertinentes análisis y encuestas a sus varias generaciones de lectores, estos las evocan con nostalgia y eluden de manera evidente cualquier sacralización que llevaran implícitas, que como se sabe eran muchas y variadas. Bien es cierto que esa añoranza puede ir referida más que al antiguo título de aventuras a la edad que el lector tenía cuando la disfrutó, esto es una nostalgia por la juventud perdida a través de los objetos que la retrotraen.

El Cosaco Verde número 111. Comicos en palacio./

En definitiva, los cuadernos de aventuras representan en España una evolución coherente de los postulados argumentales del folletín, con continuidades tan sofocantes que se pierden buena parte de los valores estéticos que deben coronar una narración, sea literaria, en viñetas o cinematográfica. La urgencia de sacar a mercado el siguiente ejemplar que salve el continuará, para acabar precisamente de esa misma forma, ahoga el sentido narrativo de los autores así como su libertad y sensibilidad artística pues lo válido es hacer grandes cantidades de números y lo secundario no es más que la calidad contenida en ellos. La crisis del sector sobreviene por su propia asfixia reiterativa unida a una censura que bloquea cualquier otra dirección argumental y la imposibilidad de competir con otros medios de cultura popular (principalmente la televisión) que poco a poco atraviesan la opacidad que hacia las formas culturales tiene el régimen político de España en aquellos años. Una única historia narrada muchas veces en la misma serie y repetida en otros títulos lleva casi de manera forzosa una fecha de caducidad. Equiparar el cuadernillo de aventuras al comic book estadounidense representa, por una parte, el concederle una importancia que no presenta ni en sus aspectos industriales ni históricos, y por otra empequeñecer un soporte editorial que lleva manteniéndose unos ochenta años y que en la actualidad manifiesta un notorio momento comercial.

Por ello, cuando en 1956, y a consecuencia de una petición de la propia Bruguera que planeaba sacar una nueva serie de aventuras en la estela de El Cachorro firmado por Juan Iranzo, el equipo formado por Víctor Mora y Miguel Ambrosio Zaragoza sacó del frasco de las esencias la serie El Capitán Trueno con la que rindió cumplido homenaje a las lecturas de cómics de su infancia exiliada, esto es, los cómics sindicados estadounidenses en general, y El Príncipe Valiente en particular. La obra renovó el concepto del cuadernillo a base de suprimirle engolamiento y dotarle de cierta flexibilidad argumental, eso sí, sin dejar de ser fiel a los axiomas citados en parágrafos precedentes. La humanización de los personajes, la alternancia de aventuras dramáticas, trágicas incluso, con cómicas y socarronas y la profesionalidad y el buen hacer de dibujantes como el citado Ambrós, Ángel Pardo o la presencia casi anecdótica pero trascendente de Fuentes Man concedieron a la obra una espontaneidad que ha generado multitud de aficionados y que ha motivado que Ediciones B, propietaria de la obra, realice un aniversario (que ha resultado algo tibio) de sus primeros cincuenta años. El esquema argumental de El Capitán Trueno valida las otras obras citadas, El Jabato, dibujada por Darnís en su totalidad y El Cosaco Verde con las atenciones gráficas de Fernando Costa.

LAS INFLUENCIAS DE LA OBRA.

El Cosaco Verde es el tercer clon de la obra de Mora en la colección Super Aventuras y ello es de manera indiscutible su lastre más evidente. Es la menos estudiada, la menos reeditada y posiblemente la menos compacta de las tres. Al esquema del héroe perfecto (Cosaco Verde, como siempre sin nombre ni apellidos) acompañado de un adolescente huérfano (Iván), un forzudo poco inteligente (Karakán) y una bella dama más que interesada en formar lazos maritales con el héroe (Sankara), se le une la figura de un chino gordezuelo y de aspecto antiheroico cuya especialidad es la inacción entendiendo por ella actividades que en la época debían ser de segunda como era la lectura de los sabios filósofos, la cocina y la intendencia en general y la cirugía de precisión sobre las heridas del héroe. Para ser el soporte cómico el mofletudo Sing-Li resulta mucho más interesante y cultivado que cualquiera de sus compañeros de aventuras. Mora, que en esta obra firma como R. Roldán, le concede un aspecto y una psicología que evoca una figura "sanchopancesca", pero cualquier análisis más riguroso lo equipararía a un sabio de la naturaleza de Leonardo Da Vinci. Resultan de lo más ingenioso los proverbios y aforismos que el afortunado personaje declama a lo largo de toda la obra, a la par que saca de un zurrón sin fondo toda suerte de artilugios siempre oportunos para resolver la misión.

De la biografía de nuestro protagonista son contadas las cosas que se saben. Es hijo de un atamán (¿el Atamán Verde?) y está prometido a Sankara desde que ambos eran niños. Para la chica la idea del casorio le resulta muy gratificante y para el Cosaco simplemente desdichada. En el número 115 aparecen los padres y suegros del protagonista además de malograrse la boda merced a una argucia de Sing-Li demasiado estirada.

Pese a ser el más desaliñado de los trabajos de Mora exhibe, como en cualquiera de sus obras, una amplia relación de variadas influencias entre las que destacan las relativas al cómic, sobre todo el sindicado estadounidense, la narrativa clásica popular juvenil y el cine, en especial el del terror de serie B. Añádase a este surtido de influjos el género western sobre todo en relación con la narrativa cinematográfica, las novelas populares o los tebeos del género.

Víctor Mora nacido en Barcelona en 1931 es un hombre cultivado perteneciente a una familia que se vio obligada a emigrar a Francia al finalizar la guerra civil. Cuando regresó a su país había entrado en contacto con las ediciones francesas de los cómics sindicados estadounidenses, en especial Prince Valiant, in the days of the King Arthur y Terry and the Pirates, quizás los más meridianos ejemplos de la narración río en la historieta y dos de las obras cumbres de la narrativa en viñetas de todos los tiempos. Si El Capitán Trueno, y en menor medida El Jabato, gozan de influencias y homenajes de la magna obra de Harold Foster, la última de sus obras en cuadernillo se beneficia de una manera evidente de la iconografía, que no del espíritu, de la magistral obra de Milton Caniff. Las distancias con el viejo maestro de Ohio se hacen palpables en la estructura del formato de publicación, en la capacidad de creación de personajes que evolucionan de manera independiente del arquetipo, en la capacidad de vertebrar un relato a base de entretejer escenas en documentados escenarios y en el virtuosismo con el que el maestro Caniff maneja el claroscuro como elemento dramático o si se quiere narrativo. Esas enormes virtudes no se ven reflejadas en el voluntarioso tándem que firma el trabajo de los cuadernillos de Bruguera. En definitiva, Mora es un prisionero argumental de sus entregas semanales y Fernando Costa acusa una marcada rigidez en la coreografía de los personajes pese a estar ayudado por Francisco Ortega. [1]

En sus dibujos matiza con detalles las figuras adoptando en ellas una somera tendencia a la caricatura y al hieratismo consiguiendo un curioso y contradictorio efecto. Costa perfila y define con bastante exactitud los fondos, dando a la obra un escenario físico en lo que prima una naturaleza salvaje plena de bosques, ríos y cascadas, sin dejar en menosprecio otros escenarios como los urbanos o los marinos e incluso submarinos. Son pocas las ocasiones en las que utiliza el dramatismo motivado por el uso de las sombras (entrega número 111) o la fusión de viñetas en grandes panorámicas (número 115), aunque cuando lo hace adquiere técnica de virtuoso. Lo que para Ambrós, y quizás para Darnís, era una ingravidez inacabada y vital, para Costa es un hieratismo rico en detalles ornamentales que extraña en su profusión al ser una producción semanal de diez páginas. Por el contrario Caniff domina tanto la técnica de su trabajo que llega a ser uno de sus máximos referentes. Pese a todo las influencias que genera resultan meridianas apreciándose en la imagen de Sing Li un llamativo parecido con la del hampón Joe Pajarillo de Terry, el forzudo Karakán, que en la entrega 52 se afeita sin que nadie se de cuenta, evoca al mudo Bus Stop reduciendo su presencia en las viñetas a una comparsa de escasa importancia que nada tiene que ver con personajes afines como Goliat en El Capitán Trueno o Taurus de El Jabato. Completa el trío la intrépida Sankara que se arroga de ciertos paralelismos con la voluptuosa Dragon Lady. Ni el Cosaco Verde ni Ivan, heroicos, inmutables y arquetípicos protagonistas de la obra se aproximan a las motivaciones, personalidad, evolución y psicología que derrochan los dos protagonistas de la obra de Caniff, Terry Lee y Pat Ryan.

El propio Mora destaca la influencia que le produjo la novela Michel Strogoff escrita en 1876 por Jules Gabriel Verne. Realmente el parecido entre ambas narraciones es tan exiguo que en lo único que coinciden es en algunas partes de la ambientación geográfica, ambientación por otra parte plasmada sin el uso de la documentación pertinente por el dibujante Fernando Costa. La presencia del novelista de Nantes vuelve a hacerse manifiesta en el episodio contenido en las entregas 26 a la 31 en donde el homenaje al Capitán Nemo protagonista de la excepcional Vingt mille lieues sous les meres (1870) da un giro curioso, pues Mora lo trata como un perfecto malandrín y para Verne es una interpretación de Hendrick Van Der Decken el impío capitán que patroneaba el velero el Holandés Errante, una nave tan maligna como podía ser el submarino del Capitán Nemo un marino condenado a navegar sin rumbo buscando lo imposible.

La evocación de Mora hacia el cine de aventuras y terror de los años treinta del pasado siglo XX se encuentra contenida en una de las mejores aventuras de toda la serie, concretamente la editada entre los números 21 y 25 con la creación de un malvado conocido por el conde Drago. El guionista rememora una vieja y fantástica cinta de la R.K.O. titulada The Most Dangerous Game (traducida al español como El Malvado Zaroff), dirigida en 1932 por Merian C. Cooper y Ernest B. Shoedsack (los mismos directores de la mítica King Kong) e interpretada por el inquietante Leslie Banks, el galán Joel McCrea y la bella Fay Wray. Un tirano enloquecido, un científico psicópata, una bella damisela, un castillo siniestro y monstruosos simios en interacción con el héroe cada vez más indefenso.

El género del oeste entra en la serie en la edición número 73 prolongándose hasta el 90. Mora nos narra guerras de indios que exhuman las historias del jefe apache Winnetou y su amigo Old Shatterhand noveladas por el germánico Karl May (1842-1912), uno de los autores más prolíficos de la literatura juvenil decimonónica. Pero además de salir airoso de este tópico, lo hace además de otros varios del género como la búsqueda del oro o el caciquismo al que somete un poblado por parte de una familia siniestra y su posterior aniquilación a tiros con la que el protagonista resuelve el litigio al encauzarlo por el camino de la justicia y de la ley. En todos los ciclos argumentales desarrollados en estos números el cicerone de los protagonistas no es ni más ni menos que Búfalo Bill (William Frederick Cody, 1845 a 1917) uno de los más conocidos héroes de la pradera estadounidense, poseedor de una biografía susceptible tanto de rozar con la hagiografía como de coquetear con el sarcasmo más sangriento y lacerante, según sea la orientación ideológica del biógrafo, se entiende.

EL CUADERNILLO MENOS CONOCIDO.

Como ya se ha indicado la obra se prolonga entre 1960 y 1963. En esta época, Víctor Mora es uno de los puntales del guión de la editorial Bruguera. Analizando someramente el trabajo del guionista en este tiempo se aprecia la sobrecarga laboral, el aguante del autor y el oficio expresado como la prolificidad de escribir guiones similares en numerosas series y seriales. En 1955 comenzó a realizar El Doctor Niebla en Súper Pulgarcito con autores varios. Al año siguiente, con dibujos de Bernal aparecen los 26 números de Vendaval, el Capitán Invencible, iniciándose también El Capitán Trueno, ambas pertenecientes a la colección Dan al menos en sus primeras ediciones, y continuadas en Súper Aventuras. En 1959 sale a la luz El Jabato también en Súper Aventuras, y entre 1963 y 1966 para la revista El Capitán Trueno Extra escribe las series Víctor héroe del espacio con dibujos de Martínez Osete, El Príncipe Errante con las atenciones de Darnís y La Llamada de África también con Darnís y Spadari. Para finalizar este somero esbozo, añadir que en 1963 y con dibujos de Fernando Díaz realiza para Pulgarcito la historia del oeste titulada Sheriff King. Con un panorama como el descrito realizar con dignidad los guiones habla de gran profesionalismo, profesionalismo que se convierte en maestría cuando muchos de esos guiones son extraordinarios ejemplos de la historieta española, textos imperecederos y, en suma, grandes clásicos.

Pero El Cosaco Verde también tiene como autor a Fernando Costa, dibujante no excesivamente prolífico que dedicó bastante tiempo y esfuerzo a la obra comentada. La actividad profesional de este autor en la época de realización de la obra es prácticamente nula. Algunas historias de El Inspector Dan para Pulgarcito en 1957, el serial en cuadernillos Los Vikingos con escasas actuaciones en 1959, y tras la finalización de El Cosaco Verde ilustró algunos guiones de Mora sobre El Jabato en la revista El Capitán Trueno Extra.

La reivindicación la obra acontece en 1994 cuando ediciones B rescata del ingente fondo editorial de Bruguera este serial que consta de 144 cuadernillos, un extra de verano y un almanaque, ambos de 1961. La edición se hace como facsímile con varios cuadernillos por entrega y tapas para una posterior encuadernación que alojan un texto sencillo, de poca intensidad de Víctor Mora que presenta la obra a los lectores de los años noventa del pasado siglo. Un rescate emocional que constituye la hasta ahora última edición de la obra menos conocida del viejo maestro pero con el pulso y el estilo de su creador literario. Una historia menor cargada de momentos notables.

Conceptos

Tebeos, comix, comic, pequeños, medianos, mayores, infantil, juvenil, aventuras, misterio, dibujos, ilustraciones, color, baratos, paises, viajes, heroes, protagonistas, buenos, malos, entretenimientos, buenos, malos, malvados, villanos.

Recopilacion de Tebeos en Aragón en el siglo XX 

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