Juan Garcia Ponce. 5.

Por Magda Díaz y Morales.


Garcia Ponce


     Pensar y sentir, artista y obra de arte, creador y creación, Diego y Carmen buscando la unidad, y el poder del lenguaje (las palabras) a través del relato que lo revela.

     El camino para poder disfrutar de esta unión ha sido para los ensueños de Diego un recorrido cargado de hazañas y obstáculos, como lo fue el camino de Orfeo (el camino a los infiernos era largo y estaba lleno de dificultades) y Eurídice, sólo que en el encuentro de Diego y Carmen, por fortuna, no existió ningún Aristeo que se precipitara sobre ella. Como toda puesta en espejo, observamos que los caminos de las dos parejas son inversos: el recorrido del poeta y la ninfa es una travesía que va de lo terrenal a lo sagrado (Orfeo desciende al abismo, al reino de los muertos, en busca de Eurídice), en cambio el de Diego y Carmen es un camino que va de lo sagrado a lo terrenal (Carmen sale de la oscuridad hacia la luz del día). Orfeo y Eurídice no enlazan sus cuerpos, Diego y Carmen sí; Orfeo sufre la ausencia (el ocultamiento), Diego celebra la presencia (el desvelamiento); el primero, quizá, porque al internarse en sí mismo pudo más en él la realidad (lo presente) que a veces, como dijo anteriormente el narrador del relato, "mancha hasta la imaginación cuando la imaginación se dirige a objetos indebidos". En cambio, Diego y Carmen:


     Atravesaron el río bordeado de eucaliptos por las dos orillas […] Él ya no la veía en la ventana desde la calle; ella ya no lo veía en la calle desde la ventana. Ése era el pasado; en el presente estaban juntos sentados en la banca de un parque. Juntos ya habían atravesado un río; juntos ya hablaban […] Fue ella la que buscó la boca de él. Los labios de ella eran delgados, él lo sabía; pero en ese momento no sabía nada. Los dos estaban besándose […] Las bocas de los dos ya estaban abiertas; las lenguas entraban a una y otra boca. El beso se prolongaba. Estaban abrazados y en un momento dado él sintió las manos de ella en su cuello. Enseguida también sintió sus pechos contra su pecho y sus piernas entre sus piernas. Estaban estrechamente unidos […] La oscuridad era más densa cada vez, a cada instante y el beso se prolongaba. Ya no era posible distinguir las sombras de los eucaliptos porque sus ojos estaban cerrados; pero ya tampoco era posible oír el rumor del río y eso no era producto de una acción natural.


     Esa sombra que oculta ausencias, la Noche, suscita el nacimiento de Eros en la pareja (20). De lo otro, del otro y con el otro: erotismo, entrega sin posesión, arte y poesía, lenguaje del cuerpo y cuerpo del lenguaje. Don de los dioses.

     Para Diego y Carmen llega el momento en que la embriaguez de lo dionisiaco desplaza al orden hasta aquí establecido por Apolo, la razón es desplazada por el deseo y la sensualidad hasta aniquilar sus individualidades:


     El presente era perfecto y continuo en su calidad fuera del tiempo con su oscuridad convertida en luz, con su luz convertida en oscuridad, dentro de un pensamiento sin fronteras, dentro de una realidad que lo abarcaba […]. Desnuda ella siguió besándolo. Las manos de él sintieron su espalda, sintieron sus nalgas. Ella debía haberle quitado el suéter y la camisa. Sus pechos desnudos estaban sobre el pecho de él y pudo sentir hasta los pezones antes de haberlos tocado en sus pechos. Dejó de besarla en la boca para tocarlos, besó los pezones, besó el ombligo. Las manos de ella estaban en su pelo primero, en sus hombros después. Luego volvieron a besarse en la boca, pero ya estaban acostados. El cuerpo de ella debería sentir la tierra y el cuerpo de él; el cuerpo de él sólo sentía el cuerpo de ella. Los brazos de ella rodeaban su espalda y él podía sentir en esa espalda las manos de ella subiendo y bajando, bajando y subiendo; luego las manos de él, a pesar de la estrecha unión de sus cuerpos, tocaban los pechos de ella. Todo era maravilloso, esperadamente concreto sin saberse que había sido esperado y que iba a ser tan concreto. Después estaban haciendo el amor.


     La creación o realización erótica ha culminado, pero volverá, y lo hará porque la verdad no es única, ni a-priori, la verdad es errante y su ausencia se hace presencia en el abrazo erótico generador. Esa aparición del ser que la pareja ha experimentado trae consigo, además, la promesa de la palabra:

     -Debo regresar a mi casa -dijo ella. -Puedo dejarte donde te encontré y vernos ahí mismo mañana. ¿Puedes? -contestó Diego.

     --Sí, voy a poder -dijo ella.


     Aunque la plétora de sentido de la mise en abyme trascendental pareciera que entorpece el reflejo o juego de las relaciones con Retrato del artista adolescente de Joyce, no es así. Lo que sucede es que toda mise en abyme trascendental es también, "al menos virtualmente, afirma Dällenbach, mise en abyme del enunciado. Avanzando en dirección a lo que sin cesar lo está haciendo posible, el relato se modela según una metáfora de origen, pero no menos de lo que la metáfora de origen se moldea según el relato". De esta forma, además de las referencias mitológicas que igualmente existen en la obra de Joyce (empezando con el nombre del protagonista, Dedalus) (21), el lazo que prevalece, amén de los señalados entre el relato marco ("Retrato de un amor adolescente") y su reflejo (Retrato del artista adolescente), es la referencia temática (que actúa en los dos textos) al artista y a la obra de arte como señalan los propios títulos que, en concesión a su posición extradiegética, les basta introducirse en la diégesis para hacer que el relato "se muerda la cola".

     Tanto Diego como Dedalus son dos adolescentes que esperan comprenderse a sí mismos, semejantes en su imaginación creadora, en su capacidad para alternar la realidad con la ensoñación, en su despertar a la vida y a la sexualidad (para Dedalus una sexualidad llena de escrúpulos, para Diego una sexualidad gozosa), en ser dos artífices en búsqueda de la realidad de la experiencia artística.


     3. Apostillas

     Abordar críticamente un discurso narrativo literario como el de Juan García Ponce, usualmente considerado pornográfico, perverso e iconoclasta, es siempre una tarea difícil aunque fascinante. En la obra de este autor mexicano jamás se agota el deseo de recorrer, una y otra vez, los parajes sensuales de la relación erótica de Gilberto y Paloma en De Anima o entremeterse en la presencia-ausencia del amor y la muerte en La cabaña, o intentar enhebrar la relación escritura-erotismo-literatura en El libro, así como evocar, junto con Nicole y José en Unión, aquella "imagen: un tiempo que fue, que ya no le pertenece a nadie y sin embargo, ha encontrado su lugar", como leemos al inicio de la novela. Y, ¿qué decir de la admiración que provoca la personalidad erótica y escindida de la dualidad Mariana-María Inés en Crónica de la Intervención, uno de los libros fundamentales de la literatura hispanoamericana? (22)

     García Ponce dedicó su vida a la literatura. Su vocación literaria mucho debe a su voracidad de lector, a las lecturas que desde su infancia alimentaron su imaginación. Su escritura está hecha para producir placer por la literatura, para ampliar la experiencia y abrir otras dimensiones fuera de lo establecido. Todo lo que ha querido decir García Ponce ya está en sus libros; es ciertamente, mucho se ha señalado, un artista de la palabra. Sin duda, la cultura mexicana no sería la misma sin la obra literaria de este escritor de la mirada y del erotismo, a quien en estos momentos podemos imaginar tal vez rememorando aquellos versos de Lope de Vega que tanto parecían gustarle: "A mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque para andar conmigo me bastan mis pensamientos".


     (20) Recordemos que en la tradición órfica el origen de las cosas se debe a Eros, el amor, que fue incubado en este embrión engendrado por la Noche que, seducida por el viento, puso un huevo de plata en el vientre de la oscuridad. Se cuenta que dentro de este huevo primordial había una inscripción que decía: "Dos serán uno, cuando lo exterior por lo interior sea luminado". Este es el huevo primordial u órfico: {short description of image}

     (21) El apellido Dedalus se relaciona al héroe mitológico griego Dédalo, escultor, inventor y arquitecto, padre de Ícaro.

     (22) Crónica de la intervención es considerada por varios criticos una novela fundamental dentro de las letras hispanoamericanas, como por ejemplo para Juan Pellicer y Christopher Domínguez. Para Juan Pellicer, la obra de García Ponce es de las "más ricas de la literatura hispanoamericana contemporánea y particularmente Crónica…, que ha sido reconocida como obra maestra", en El placer de la ironía. Leyendo a Juan García Ponce (México: UNAM, 1999), p.18. Para Christopher Domínguez, la escritura de García Ponce "lo ha convertido en una de las leyendas más vivas de la literatura moderna de México […] Creo que Crónica de la intervención es la gran novela de García Ponce, esa Summa Theologiae que brinda a la literatura hispanoamericana uno de sus libros capitales".


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     "Desnudo con la cabellera negra (de pie)", de Egon Schiele (1910); y una representación del "huevo órfico".


Schiele

© 2007 Magda Díaz y Morales

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Versión 13.0- Enero 2007