1900 marzo. Revista de Aragón. Zaragoza. número 3.
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1900 marzo. Revista de Aragón. Zaragoza. número 3.



Número 3, marzo de 1900

Revista de Aragón. Zaragoza. número 3. Marzo 1900

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Contenido de la revista del número 3 de marzo de 1900

Núm 3. Marzo l900. Revista de Aragón
PUBLÍCASE MENSUALMENTÉ, DIRIGIDA
D. Eduardo Ibarra y D. Julián Ribera
Catedráticos de la Universidad de Zaragoza,
REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN
Calle de Alfonso I, núm. 10, 3.", Zaragoza

Año I Marzo de 1900 Núm. 3 Revista de Aragón
Sr. D. Toribio del Campillo y Casamor, por D. Vicente Vignau.
— Luis Hoyo, por D. J. Moneva y Puyol.
— El Camino de Utrilla, por Z.
— Labor Politica de las Cámaras de Comercio, por D. Eduardo Ibarra y Rodriguez.
— Cuentos infantiles, por W.
— Mohamed Alauilt. por D. Francisco Codera.
— La higiene de la infancia, por D. Patricio Borobia.
— El Padre de Huérfanos, por D. Francisco Arnalado Arnal — En mi Clinica, por Dr. Brayer.
- Bibliografia, por E. I. y J. K.
—Movimiento intelectual.—Noticias.

D. TORIBIO DEL CAMPILLO Y CASAMOR

El día 8 de febrero falleció en Madrid, víctima de una pulmonía á la avanzada edad de 76 años, D. Toribio del Campillo, catedrático de bibliología en la escuela de Diplomática é inspector del cuerpo de archiveros bibliotecarios y anticuarios. Nació en la histórica ciudad de Daroca, capital que fué de la Comunida dde este nombre, tan importante en la historia de Aragón; estudió la segunda enseñanza en el colegio de las Escuelas Pías de aquella misma ciudad, siendo discípulo predilecto y más tarde inseparable amigo del hábil latinista D. José Delgado. Recibió la investidura de doctor en derecho en la universidad de Zaragoza y la de filosofía y letras en la de Madrid; y al crearse la escuela de Diplomática para instruir convenientemente en las ciencias históricas á los que habían de tener á su cargo las riquezas diplomáticas, literarias y artísticas en los archivos, bibliotecas y museos del estado, formó parte de la primera promoción de alumnos de aquel establecimiento docente, y más tarde ingresó también con los primeros en el cuerpo facultativo al efecto creado, después de haber trabajado con D. Miguel Velasco, D. José M. Escudero de la Peña y el que esto escribe, bajo la dirección del docto académico D. Tomás Muñoz y Romero, en la Colección de las Cortes de Castilla que publicó la Real Academia de la Historia.
Sustituto primero de la cátedra de historia literaria y más tarde de la de bibliografía, en dicha escuela, tras largo espacio de tiempo, entró á desempeñar esta última como numerario y desde entonces puede decirse que la ciencia bibliológica ha tenido en España brillante representación. El amplió en su cátedra el concepto de esta ciencia; formó nutrido cuerpo de doctrina fruto de sus perseverantes investigaciones; y al cabo de pocos años esta enseñanza, que en sus principios era como una rama de la historia literaria, tomó las proporciones que debía, abarcando cuantos conocimientos son necesarios para estudiar un libro, tanto en su fondo como en su forma; fruto fué de su erudición la historia de las bibliotecas y del arte tipográfico, á las que dedicó gran parte de la asignatura, enriqueciéndola con curiosos pormenores acerca de las condiciones que deben reunir los edificios destinados á bibliotecas y de cuanto de algún interés puede referirse al cuidado, á la conservación y al conocimiento de los libros. Labor propia que alcanzó merced á su perspicacia, á sus largos años de práctica en bibliotecas españolas y visitas á las extranjeras con el conocimiento de cuanto en el mundo se publicaba pertinente á sus estudios.
Modesto por naturaleza y como si necesitase el nombre de otros para autorizar lo propio la publicar la Colección de bibliólogos españoles, con los escritos de Diego de Arce, Páez de Castro, Cardona y otros, pensaba insertar como prólogo algo de lo mucho que únicamente sus compañeros y amigos pudimos conocer. La muerte ha hecho que quede sin terminar éste y otros proyectos del ilustre bibliólogo.
Índice de las Bibliotecas antigua y nueva de los escritores aragoneses, por P. Félix de Latassa. La imprenta de Joaquín de Ibarra. Las imprentas aragonesas. La Comunidad de Daroca. Publicada la primera, inéditas ó en publicación las restantes, tales son las obras que ocuparon la vida de D . Toribio del Campillo desde su primera juventud. Los títulos bastan para demostrar su acendrado patriotismo á publicar la Colección de bibliólogos españoles como tributo á la patria grande, se desbordaba en él al preparar al mismo tiempo la bibliografía del aragonés Ibarra á quien consideraba como el primer tipógrafo español; la fatigosa y perseverante obra de las imprentas aragonesas; y finalmente, y esta era la obra de su predilección, el aparato histórico documental de la Comunidad de Daroca, como ampliación á la descripción del partido de Daroca por Traggia, ya en publicación á expensas de la Diputación provincial de Zaragoza para formar parte de la Biblioteca de escritores aragoneses. Hermoso hubiese sido el discurso preliminar que lo hubiese acompañado; digno de la corporación que publica la obra, del pueblo aragonés á quien se dedicaba y del escritor que alentado únicamente por el amor á su patria empleó su tiempo en publicaciones que la enalteciesen como nación y com o conjunto de pueblos, cada uno con su carácter, con sus costumbres y con su lengua.
Aragón al verse privado de uno de sus más preclaros hijos debe sentir más que nadie su pérdida, si quiere ponerse al nivel del amor que sentía Campillo hacia su país natal, demostrado en cuantas ocasiones se le presentaban. La última obra suya que ha visto la luz pública ha sido el artículo titulado Cancionero de Pedro Marcuello inserto en los estudios de erudición española ofrecidos á D. Marcelino Menéndez y Pelay o en el vigésimo año de su profesorado, habiendo elegido este asunto por referirse á la obra de un hijo de Aragón.
Descanse en paz el sabio bibliólogo y humanista, el cumplido caballero, el varón justo y recto, el cariñoso amigo y el más querido de los compañeros. VICENTE VIGNAU,
de la R. A. de la Historia Madrid 14 de Febrero de 19OO.

J. MONEVA Y PUYOL : DON LUIS ROYO Y VILLANOVA

Malogrado solemos llamar á quien muere joven y más delantero en trabajo y en meritos que lo que en sus años es usual y corriente; es eso, más que alabanza, una queja de la sociedad porque pierde un miembro útil cual pocos, quien, viviendo, hubiera dado en aumento al procomún. La tal palabra ha sufrido, como muchas otras, el agravio de la vulgaridad. El ansia de alabarlo todo ha engendrado el ensalzamiento de muchos que, al morir en años jovenes, no caminaban ciertamente hacia una celebridad honrosa y merecida; y, con esto, ha degenerado en tópico que todos aplican á cualquier muchacho que muere, si es algo letrado, aun cuando jamás se haya distinguido por cosa digna de pasar á la historia.
Pero, referido á Luis Royo, el tópico recobra su valor prístino, le hace justicia, y formula claramente un juicio que está en la conciencia de todos: Luis Royo y Villanova ha sido un hombre malogrado; yo voy á demostrarlo aquí.
Tenía Luis dotes privilegiados de inteligencia, hermosa inclinación al bien, y ruda pertinacia para el trabajo; estas cualidades le han ganado la preeminencia en la literatura amena periodística y la estimación que todos le guardaban como á hombre de mérito excepcional. Esas cualidades hubieran brillado desde sus primeros años y en todos sus estudios si éstos hubiesen sido más adecuados á ellas. Sin embargo, Luis Royo no se distinguió en el bachillerato ganando notas muy altas; el promedio de las suyas es inferior á la de notable. Compañeros suyos de entonces, cuya inferioridad á él se ha evidenciado luego, le aventajaron en hoja de estudios.
Y no estriba ese desacuerdo de los datos en que por aquellos años no estuviese desarrollada en proporción de ellos su inteligencia, ó ya su aplicación; recuerdo yo que eran muy celebradas las disertaciones que él hacía por especial encargo del profesor de Historia; y que fué brillantísimo alumno de Agricultura del buen Tristany, uno de los mejores maestros que han pasado por el Instituto de Zaragoza.
Con intención apunto estas observaciones nimias, para mostrar en un ejemplo patente los errores de nuestra segunda enseñanza; consiste ésta en empedrar la inteligencia del alumno con minucias científicas de mil clases, en guisa de mosaico, y sin más norma de relación entre sí que un empirismo arbitrario; bajo este régimen, el mozuel o pacato, sin predilección por ninguna materia científica, atento no más que a coleccionar notas de sobresaliente y diplomas de premios y menciones honoríficas, cual otros coleccionan sellos ó estampas, aprende mecánicamente, sin discernirla, la obra de texto de cada asignatura, dándosele poco que dos libros digan ó dos profesores expliquen soluciones antagónicas de un mismo problema; con llevarle á cada cual el aire en su propia asignatura, el resultado en los exámenes será siempre satisfactorio.
Pero quien tiene iniciativa en los estudios, quien de ellos ama unas materias y repugna otras está perdido en ambos campos: no hallará libros ni maestros que con su claridad le hagan amable lo que le agobia, y es lo más probable que sus peculiares puntos de vista en los estudios de su dilección sean tomados á mal por el profesor de estilo antiguo, rutinario y unius libri; sin dar nadie en el hito y acierto de que debe el maestro fomentar, más que nada, la originalidad en si á alumnos cuando es espontánea, no forzada, que entonces no es tal originalidad; y ha de llevar por supuesto que lo propio y espontáneo de todo joven es, siquiera en porción de sus efectos, poco discreto, y que hay necesidad de dirigir esa originalidad, no de ahogarla. Llegó Royo á cursar carrera mayor (la de Derecho, y casi toda la de Letras que por pereza no la terminó), y se repitió el mismo fenómeno; no son sus notas de examen las mejores; desde suspensos á premios hay en su expediente, pero emprendía espontáneamente un trabajo en materia de sus mismos estudios, y lo que hacía el da para admirado. Recuerdo que en febrero del año de 83 explicó su hermano Antonio en la Academia Jurídico-literaria de la Universidad, una conferencia titulada El naturalismo en la literatura actual»; Luis consumió el primer turno en contra: no se había preparado mucho para aquel debate, pero la materia era de su gusto y de ella había leído mucho y había sabido reflexionarlo. Aquella defensa del naturalismo, sobre tener el mérito de no ofender al más timorato, demostró una erudición amplísima y de primera mano y señaló ideas y puntos de vista originales que no se hallan en los autores.
No hubiera valido Royo, sino á costa de muy gran sacrificio, para el trabajo de retener series de palabras, á leer de memoria, sin asimilar las respectivas ideas: por eso no se distinguió en esas asignaturas de erudición pesada, y cuyos principios no tienen otra razón de ser sino la muy escasa de que los antiguos vivieron así.
Pero que Royo no fué de esos que descuellan en labores fáciles y se anulan en los estudios de su mayor obligación demuéstralo bien, entre otros trabajos, su proyecto de discurso del doctorado acerca de «La propiedad intelectual»; no es este trabajo un mosaico de dichos ajenos, sino una suma de meditaciones ordenadas, sugeridas á un espíritu muy finamente analítico, por el problema de si cabe hacer exclusivo el fruto del genio y por las soluciones que legislaciones diversas han dado á ese problema.
Perjudicóle en este trabajo lo genial de su desarrollo, es decir, lo que debiera haberle sido mas de abono, pues los juzgadores de la tesis doctoral deben holgarse de ver en ella ideas del graduando á quien así podrán probar mejor que si se limita á ser ensartador de textos sabios á cuyos autores no hay que graduar sino á quien los cita, y quiere merecer con ajenos aciertos ó se expone á sufrir en su cabeza el anatema que mereció el inspirador. Pero aquel discurso, absolutamente original, obra solamente de su inteligencia, no pareció digno de ser admitido como tesis del doctorado, ahora, al ser publicado aquel trabajo, verá quien lo lea cuánto fué injusto tal repudio; pero un dato hay que hace el proceso de aquellos juzgadores: el discurso rechazado había sido objeto de largos estudios, más pensados que leídos, y llevaba el dictamen favorable de Azcárate y el título de garantía de todo un año invertido en prepararlo; desanimado Luis por aquella repulsa, púsose á escribir, sin preparación alguna, un discurso de pacotilla acerca de «Los gremios»; no pasaron quince días desde que le dio comienzo hasta que lo terminó; pues bien: por ese discurso fué graduado doctor sin que nadie le pusiese obstáculos; ésto hace un profesor.
Marchan á la par de los estudios serios de Luis Royo sus escritos festivos; educado entre hermanos tan geniales como él, habíase hecho, instintivamente y en lo mas usual de la vida de familia, á poner el ingenio en contienda, y así lo desarrolló precozmente; además, su natural indulgente hacíale muchas veces cubrir con una piadosa broma vicios ó torpezas de otros.
Cuando Royo entró en cañera mayor vivía aún, bien que ya en decadencia, la costumbre, nacida de la vieja política, de que los mejores ingenios del cuerpo escolar universitario fuesen periodistas. El fué arrastrado por esta corriente; sus índices de la semana, sus revistas de toros, sus Manchas de tinta y más trabajos en verso y en prosa, son lo mejor de la literatura festiva aragonesa en aquel tiempo. Su fama SE extendió, su colaboración en periódicos de Madrid fué, primero, aceptada con agrado y acabó por ser, muy pronto, buscada con empeño, siempre bajo este aspecto de literatura festiva. La gente dada al estudio recio dirá que Luis no hizo bien perseverando en ese camino : pero obsérvese que ni desde luego lo tomó por exclusivo ni es razonable pedir tanto sacrificio á un hombre joven: fácil es apartarse del mal, pues la maldad mas seductora, Solo por ser maldad, tiene ya mucho que repugna: pero dejar un orden de trabajos que no es pecaminoso, ni causa esfuerzo y además da fama, podrá ser, por ignorados motivos, sabia prudencia, pero mas parece necedad y locura.
Ni abandonó Royo desde luego los estudios graves por la literatura ligera. POCO tiempo después de ganar el doctorado firmó oposiciones á la cátedra de Derecho mercantil de Zaragoza; quienes conocen el programa que presentó, lo alaban COMO un trabajo primoroso, y aseguran que hubiese causado honda impresión; continuó estudiando aquella asignatura, pero las oposiciones jamás llegaban (diez años tardaron); por otra parte la prensa le ofrecía ocupación más lucrativa y abierta á los caminos de la fama; en esto iba la proxima solución para su anhelado matrimonio, y Luis dejó lo dudoso por lo cierto, metióse á articulista de actualidad y renunció á las ilusiones de la cátedra; despidióse de pintar para mucho tiempo como Zeusis y SE dio á pintar bosquejos para un día, con alguna que otra excepción transcendental. Pero sí como el hombre serio y grave que, por higiene, hace gimnasia, jamás se confundirá con el volatinero, así Rojo jamás encajó en el tipo ordinario del escritor festivo, ni sus obras se alistaron en la corriente é insubstancial vulgaridad que hace reir; en verdad que su pane de escritor festivo no es sino a indispensable para que la fama que por tal lo pregonaba no se condenase por mentirosa.
La vida de Luis Royo en Madrid, aun en soltería, fué vida de caballero; no cayó en el error de muchos quienes practican la orgía y la embriaguez y el escándalo cerno secuelas y hasta conio títulos de propiedad del numen creador; á distancia y CON repulsión (aunque compasivamente), mira la bohemia en que se revuelcan los escritores modernistas; llano y bondadoso como era, con todos trató, y todos le respetaron porque halláronle siempre sin mancha de grosería ni de vileza.
Era Luis un aragonés muy acentuado no solamente en el decir de las palabras sino en la firmeza de su convicción, en la constancia para sus obras y en su amor á la patria aragonesa en donde él hubiese vivido más á gusto que en el duro banco de la Cene á donde su deber le amarraba. Su franqueza nativa le ganó por amigos á cuantos la aman, y, con ella, valiéndose de la gran fe humana que en él tenían muchos por verle ajeno de toda mala secta y bandería, atento su criterio no más que al buen sentido, trabajó con poderosa eficacia en pro de este viejo Aragón, cuyas empresas de todo género tuvieron en él un defensor generoso, discreto más que entusiasta y no conviene tanto para hacerse oir y ser creído el entusiasmo como la discreción) quien bajo el pabellón de su gracejo llevó en triunfo las cosas de su país hasta los últimos confines de España.
Su estilo literario sepárase radicalmente del que caracteriza á nuestros escritores festivos; y es natural: Luis no lo era, no podía serlo; su cultura profunda, su talento claro, su juicio rápido y seguro y su corazón generoso, hacíanle formar concepto científico y moral de las cosas de actualidad que eran materia de sus escritos; pero sabía bien que la Justicia y la Verdad viven hoy en país enemigo, y las sacaba á la calle disfrazadas de broma porque pudieran llegar á todas partes sin vejación; pero torpe será quien no vea en los artículos de Royo á la Verdad y á la Justicia hablando con culta libertad detrás del equívoco y de la chanza.
En algunos escritos casi arroja el disfraz: algunos de sus cuentos valen más por la riqueza de su adorno histórico que por la gracia alegre que contienen; su conferencia de Baltasar del Alcázar, en el Ateneo de Zaragoza, no podría escribirla quien no poseyese un talento superior y, á la vez, dominio pleno sobre toda la literatura y la historia de nuestra patria. Ya no queda de Luis sino su alma buena, parte principal que se volvió al cielo, igualada con las de príncipes, literatos ó jornaleros que hayan merecido aquel clásico epitafio; alegrémonos por él, quien ya descansa y le es indiferente haber seguido este ó esotro camino en la vida, pues ha llegado al logro de aquel último fin que es el solo necesario.
Pero tú, Sociedad....; quien dijo «Esta es Castilla que hace los hombres y los gasta», mucho te aduló; no haces tú los hombres, Dios te los da hechos; y no los gastas, los malgastas; ve ahí un ejemplo sobre el cual debieras llorar. Tuviste un hombre de genio superior, de aptitud privilegiada para ese trabajo serio que hace mejor á la humanidad y levanta el nivel de las naciones; trabaste su inteligencia con un bárbaro plan de estudios, lo distrajiste de su carrera con liviana literatura de actualidad; cuando pedía á su título de doctor, por precio de nuevo y más valioso trabajo, una cátedra en su país, se la retuviste, artera ó perezosa, y le ofreciste en cambio mayor lucro y más gloria por precio de labor más fútil; generosidad engañosa, porque detrás del sueldo de redactor jefe y de los escritos bien pagados acechaba la fatiga, en venenando lentamente su cuerpo débil. Si de Luis Royo, en vez de libros que debieron pasar á la Historia, quedan solamente las flores mustias de unos cuantos escritos cuyo interés pasó con la actualidad de la cual nacieron; si la Minerva aragonesa no ha tenido en él un maestro famoso; si la literatura española no lo cuenta entre sus estudiosos de mayor prez, la culpa es tuya; y si al llorar la muerte de Luis nos queda el consuelo de que lloramos á un hombre honrado, quien no consintió prevaricación ni bajeza, virtud suya fué, no tuya, sociedad, que á lo contrario le tentaste, ensalzando, cual lo haces de continuo, á descocados, crapulosos y venales que queman incienso en los altares deformes de la actúa idad y del éxito: pero Dios es justo y le da á él que fué bueno, la única Gloria cierta; á tí, sociedad que le dañaste, el daño de haber perdido un miembro útil.
J. MONEVA Y PUYOL,
Profesor de la Universidad de Zaragoza.

EL CAMINO DE UTRILLAS

Aun cuando las explicaciones dadas ante la junta general de señores accionistas de la sociedad Minas y Ferrocarril de Utrillas por la comisión gestora de su constitución, amortiguaron el hervor de la discusión que durante los pasados meses de enero y febrero manteníase acerca de los trazados posibles para acercar los carbones de la cuenca indicada á nuestra ciudad, no creemos haya perdido su actualidad una cuestión donde se halla interesada tan considerable parte del capital de nuestra región. Séanos, pues, permitido volver sobre lo actuado con algunos argumentos que no hemos visto expuestos en ninguno de los alegatos que unos y otros opinantes lanzaron en defensa de su sentir respectivo.
Desde luego, la cuestión parece simplificada y a que ni el acometimiento al ferrocarril Central de Aragón puede sustentarse con base sólida, pues siempre la distancia de Zaragoza á la cuenca será por aquel camino de casi 200 kilómetros, ni la unión de la cuenca con Cariñena podrá sostener la comparación con la otra unión de la cuenca con la linea de los Directos, la cual, si bien da una solución de quince á veinte kilómetros más de recorrido hasta Zaragoza que la de Utrillas-Cariñena-Zaragoza, sin embargo, ofrece más campo á la explotación por la comunicación con Cataluña.
Queda, por tanto, reducido el problema á lo siguiente: ¿será más conveniente á la compañía explotadora traer directamente los carbones á Zaragoza mediante la proyectada línea económica de unos 115 kilómetros, ó será mejor llevar la vía desde Utrillas á Samper de Calanda ó la Puebla de Híjar en la línea de los Directos explotada por la compañía de Tarragona á Barcelona y Francia?
Pasamos por alto los argumentos contenidos en favor de la línea directa en la Memoria leída á los accionistas de la naciente empresa en su reunión del 21 del pasado mes de febrero, por más que tengan mucho peso y manifiesten la mesura con que estas soluciones han sido discutidas en el seno de la Junta Gestora. Efectivamente; grave inconveniente para una empresa es el de haber de mezclar con otra su explotación como ocurriría á los nuevos mineros zaragozanos desde el momento en que no arrastraban hasta las fábricas sus productos sino que en Samper ó la Puebla encargaban á otra compañía ferroviaria el rematar su arrastre, ó sea en pura plata, repartir la ganancia con otra línea; lo cual, aunque no había de ser dado graciosamente, sino á beneficio de una rebaja considerable en la tarifa de tracción por la vía T.B.F. ya se puede suponer hasta donde podría llevarla bonificación una compañía que hoy exije al carbón que viene de Barcelona á Zaragoza un precio igual al que la tarifa 9 de la compañía del Norte pone al arrastre desde Mieres acá con ser mayor del doble la distancia esta, parte que ya sabe cada cual las mil maneras con que éstas, otras y todas las compañías cumplen sus compro misos disfrazando sus faltas con la subordinación al Estado, con la conveniencia de una línea general, con la carencia de material, etc., etc., hay varias razones que rechazan, en absoluto, la proyectada unión de la cuenca minera con la línea de los Directos.
Y es que si la nueva empresa explotadora de las minas de Utrillas ha de llenar el fin que figura á la cabeza de sus patrióticos designios, no ha de mirar sólo su conveniencia de gastar lo menos, para lucrar lo más posible, sino el mejoramiento industrial de la comarca zaragozana, el abaratar cuanto pueda ser el carbón en nuestra zona fabril y esto sólo se consigue evitando kilómetros de distancia al carbón aunque sean veinticinco ó treinta más de kilómetros á construir.
Ni se concibe que una compañía fundada por Zaragoza, en Zaragoza y para Zaragoza pueda apreciar como ventaja decisiva en la elección de un trazado la mayor y mejor salida de sus carbones para Cataluña. Esto ya lo harán los catalanes si les conviene, que no les convendrá tan grandemente cuando, despues de 25 años de concedido algún ramal á la cuenca, ni se ha hecho todavía ni se habla en serio de acometerlo.
Pero es que además la sociedad Minas y Ferrocarril de Utrillas podía salir gravemente perjudicada con dicha solución, pues bien se decidiese por el trazado á Samper, bien por el de la Puebla de Híjar, uno y otro cortarían por mitad la otra cuenca lignitífera de Gargallo Val de Ariño, y en tal caso agarase el más lerdo los peligros de un competidor más cerca de la salida; que da primero y que por tanto da dos veces en la muy recia contienda de la competencia y del mercado.
Todo esto queda dicho en el supuesto de que Cataluña se apresurará á comprar el carbón de Utrillas, lo cual sólo ha podido sospecharse en estos momentos de pasión con que se abraza toda solución en nuestros climas cálidos y amantes del superlativo. Pero del dicho al hecho Allí en primer lugar tendría que ser muy caro por el largo arrastre y rara vez, sólo en algún período de carestía adoptaríalo el frabricante catalán, esplendido en materia de carbones hasta el punto de consumir el inglés con tal predilección que quizá Cardiff mantiene dos tercios de la demanda catalana. Un carbón que es 30 por 1oo inferior en potencia calorífica al inglés, no puede ser tomado sino cuando sea por lo menos 30 por 100 inferior en precio; si el Cardiff se compra en el puerto de Barcelona á 40 pesetas tonelada, el Utrillas habría de ser vendido á 28 pesetas y esto sin ofrecer ninguna ventaja, y saliendo de este precio la ganancia del minero y lo de la tracción ferroviaria, superior á 300 kilómetros, lo cual permite un margen comercial al artículo carbón de Utrillas de tres ó cuatro pesetas en tonelada. Ahora bien; si se tiene en cuenta que el comercio de carbones en la ciudad condal está tan malamente acostumbrado que no gana d comisionista menos de un duro en tonelada (hoy, á favor del alza de los precios, hay abastecedor de hulla ingles a que gana dos duros limpios, muy limpios por más que sean de carbón), dígasenos de dónde ha de salir este premio al revendedor y si no puede salir, porque no le hay, cuál no sería la guerra que el comercio catalan de carbones habría de hacer al intruso.. . y con cuánta facilidad no habría de relegarle al olvido en brevísimo plazo.
Hay quien, pasándose de listo, ve una aplicación del carbón de Utrillas al mercado catalán en el colarlo por inglés, mezclado con las hullas secas del tipo Newport con las que guarda muchas afinidades por su aspecto exterior.
Pase el supuesto aunque no sea muy honroso para el combustible aragonés; pase también el que esto pase ó pueda pasar, por más que en Cataluña no son tontos y si los almacenistas de carbón son listos, tampoco son lerdos los fabricantes tomadores del producto. Pero ni aun dentro del supuesto referido se ve porvenir á nuestros carbones en Barcelona. Cuando la industria y aun más el comercio tratan de adulterar una substancia para procurarse un lucro mayor aunque non sánelo, se sirven de materias de muy pequeño coste : eso que los fabricantes de productos farmacéuticos llaman substancias inertes, y cuyo nombre en vulgar romance es el de tierra sin ningún coste de adquisición, puede servir de tipo á la mezcla industrial, á la adulteración del comercio. Así se hace canela de Ceilán con la cascara molida de la almendra de Reus y achicoria con la pulpa seca de la remolacha, etc., etc., substancias de un valor infinitamente menor que el de la principal, por donde la regla de aligación sube los rendimientos de un modo admirable. Esto mismo se hace en el comercio del carbón con el aprovechamient o del polvo que no es pobre de carbón precisamente sino restos del arranque, tierras tiznadas del piso y techo de la mina y otros desperdicios que sumados en un 15 por ciento al carbón comercial dan la clase conocida con el nombre de todo uno, reputada como la calidad media de los carbones de una región. Lo que no ocurre á ningún falsificador ni sabemos que haya ocurrido jamás es mezclar á un producto para abaratarlo otra substancia que le sea casi tan costosa como el mismo artículo que trata de disfrazar y este es justamente el caso del carbón de Utrillas en Cataluña. No sirve, pues, allí para nada; ni aun para circular con antifaz inglés por la industria, que es lo menos á que puede aspirar un artículo de comercio.
No saquemos, pues, las cosas de su quicio; el mercado de un producto lo designa ya la naturaleza, la geografía, la distancia; no disloquemos el mapa y convengamos en que el mercado de los carbones de Utrillas, hoy por hoy, es Zaragoza. A que minero de Belmoz ó Puertollano se ha ocurrido que sus carbones pueden hacerse mercado viajando por mar? Ni los leoneses ni los d Orvó, cómo han de luchar con los grandes carbones del comercio peninsular? Ciertamente que no; pero se han buscado su venta próxima, en el interior y todos son buenos porque son baratos y todos viven bien y hacen su papel en la industria española. Y si esto es así, por qué pensar en otro camino de Utrillas que en el más breve hasta Zaragoza y en el que con menos precio de arrastre ponga los carbones al pie de la máquina?

EDUARDO IBARRA Y RODRÍGUEZ : LABOR POLÍTICA DE LAS CÁMARAS DE COMERCIO

II
Si por virtud de los progresos que las ciencias han realizado en estos últimos tiempos pudiéramos resucitar con todos sus detalles una reunión política celebrada hace treinta años, la generación actual al presenciarla no podría contener una sonrisa que seguramente brotaría de sus labios. Allí escucharía encomiar las ventajas de la libertad, que cual la lanza de Aquiles cura las heridas que hace»; oiría afirmar con luego oratorio que el sufragio universal, el jurado y las libertades de pensamiento y asociación constituyen la base del progreso de las naciones; que la forma política es tan esencial á los Estados que, al instaurarse la República ó establecerse la monarquía (ó viceversa), las fuentes de la riqueza pública cobrarían nuevo vigor y energía, los ciudadanos libres de las trabas de la reacción (ó de la demagogia, según fueran las opiniones de los oradores) ganarían en honradez y amor al trabajo y serían fieles guardianes de las libertades públicas y celosos cumplidores de los deberes que la ciudadanía impone.
Si, por virtud de los antedichos progresos de las ciencias, resucitaran aquellos ciudadanos que andaban á tiros por la calles defendiendo constituciones ó en largas cuerdas eran conducidos á Fernando Po ó á Filipinas, ó aquellos militares que se pronunciaban, y escuchasen una sesión de nuestro parlamento ó de las asambleas de Zaragoza y Valladolid, la estupefacción se pintaría en sus semblantes, al oír á los oradores discutir los medios conducentes al buen empleo y administración de los caudales públicos, la forma de que los tributos sean equitativos, el modo de fomentar el desarrollo industrial y mercantil; y su extrañeza subiría de punto al escuchar conceptos tales como el de que las formas de gobierno son mero accidente, que con cualquiera de ellas puede la patria perecer ó salvarse y que la masa que representan los oradores que así se expresan, no aspira á gobernar, sino á que gobiernen bien los que al poder lleguen, sin mirar su color político, sus ideas ni sus opiniones Estos dos ejemplos evidencian la transformación que en la esfera política se ha verificado; no todos se eiueían de ella; todavía algunos rezagados lamentan que ya no se entonen cantatas á la libertad ó al orden (según los casos y personas), ó que no surjan las barricadas de vez en cuando, y creen que los ideales han huido dejando seca y vacía el alma nacional y que la generación presente carece de energías para desarrollar su actividad.
Dejemos que sigan pensando así; no desconocemos que, merced á aquellas discusiones, esfuerzos y luchas, se ha logrado un estado de derecho que nos permite hoy ocuparnos de estotras cosas más útiles y prácticas; mas, por Dios, no caigamos en exageraciones intentando traer un pasado que ya no es, ó desconociendo lo que hay de progresivo y conveniente en este modo de ser que hoy toma la política.
El progreso político es evidente bajo ciertos aspectos: se ha adelantado en la orientación de la política, que es hoy más práctica, más en armonía con las verdaderas necesidades nacionales, y en la intensidad mayor del influjo de los elementos sociales: las cuestiones que hoy apasionan los ánimos, v. gr., nivelación del presupuesto, supresión de organismos inútiles, reforma de los servicios públicos, acertada inversión de los caudales de la nación, constituyen la base de su prosperidad; estas cuestiones preocupan hoy i mayor número de personas que antes, debido esto á la innegable difusión de la cultura que, si no ha alcanzado el grado que fuera de desear, es evidente que ha progresado en estos últimos treinta años.
Además, los elementos sociales dejan sentir su acción con más intensidad, esto es consecuencia de su mayor ilustración: las clases ó grupos sociales homogeneos se unen, y defienden sus intereses: ejemplo son esas comisiones Gue acuden á la corte y esos meetings gue se celebran en pro de la protección a tal ó cual industria, rama agrícola o interés nacional de más alta esfera, v. gr., la instrucción, la justicia, etc.
Estas nuevas direcciones en que se manifiesta la actividad y la energía ¿son convenientes?. A nuestro juicio, sí, cuando no traspasan los límites que determinan la vida normal de la sociedad: son convenientes, pues por ellas se acostumbra el individuo á interesarse en los problemas de la vida pública y á ejercitar su acción individual harto dormida entre nosotros y se ilustra á los que gobiernan, poniéndoles de manifiesto las verdaderas aspiraciones del país.
Desde este punto de vista, la labor de las cámaras de comercio es plausible y patriótica; dada la transformación que la política ha experimentado, dada la índole de las cuestiones que se debaten, las cámaras y sus agregados, ó sea la «Unión nacional» está en terreno firme al solicitar que su programa se lleve á la práctica y al propagar por los medios legales las soluciones que estima acertadas.
Según estas ideas, preguntará alguno, ¿vendrá la regeneración por el programa de la Unión nacional?; si este organismo fuese llamado á regir los destinos públicos, ¿no se habría adelantado grandemente en la obra regeneradora?. Contestemos á estas preguntas.
La obra de la regeneración es muy difícil y compleja: su única base racional es la reforma del individuo, y ésta no se consigue de repente; pues así como no es fácil lograr que un moreno sea rubio, ó un grueso, delgado, por sólo el esfuerzo rápido de su voluntad, de igual suerte no se puede mudar en un día de ideas, hábitos, manera de obrar y modo de sentir: esta mudanza requiere tiempo, exige que cambien las direcciones del medio social que poderosamente influyen en el individuo, que se modifiquen las condiciones económicas de la sociedad; y esto no es obra de un día ni de un año. Quien sostenga lo contrario, quien se figure que mudando las leyes ó las personas que las aplican cambian las sociedades, ó desconoce el modo de funcionar de estas, ó, si lo conoce, engaña á la sociedad en cuyo seno difunde tales ideas.
A medida que el individuo se modifica, crea éste costumbres nuevas; y al unirse con otros, hace variar de rumbo á los organismos de que forma parte: asi como un pez no puede vivir al aire libre, ni un ave dentro del agua; así un conjunto de ciudadanos honrados (en toda la extensión de esta palabra) no pueden vivir en un organismo donde la inmoralidad se enseñoree, al paso que los ciudadanos inmorales, que no cumplen con sus deberes, no sólo toleran disposiciones y caminos poco honrados, sino que, por su propia acción contaminadora, fomentan la inmoralidad y desorganizan el Estado.
Entiendo que la sociedad española dista mucho actualmente de haber llegado á su perfección, pues todos nos quejamos á diario de lo que palpablemente podemos observar en las clases sociales, siendo la regeneración la resultante de todas estas fuerzas, ¿cabe esperar que, de repente, por la promulgación de unas cuantas leye s y la sustitución de unas personas por otras, de tal suerte varié el modo de ser de la sociedad, que se cambie casi en absoluto? La contestación afirmativa nos parece absurda: he ahí porque no creemos que venga la regeneración ni por el programa del partido de la Unión nacional, ni por el gobierno encomendado á los que le difunden y propagan. Según esto, los esfuerzos de las camaras seran estériles?. De ningtin modo: así como es un axioma en el orden físico que ninguna fuerza se pierde ni se destruye, de igual manera en el orden social, ningún esfuerzo resulta perdido para el bien común; pues aunque sea alguno en sí equivocado, su misma aparición suscita otro esfuerzo en dirección acertada que lo corrije ó Cereza. Aparte de esta razón, la sociología enseña que las ideas siguen en su acción social un ciclo conocido: brotan en un cerebro; se extienden primeramente á un reducido grupo de individuos; después la propaganda que de ellas se realiza las difunde más y más; van penetrando en la masa social; se aceptan como ideas corrientes; entonces empiezan á seguir otro, ciclo análogo al anterior, transformándose en voliciones ó deseos sociales, primero de un grupo, después de un conjunto numeros o de individuos, luego de la generalidad y por último forman una poderosa corriente de opinión que las impone, las lleva á las leyes y las hace aplicar.
Desde este punto de vista la labor de la Unión nacional es beneficiosa y plausible, en cuanto constituye un vivo impulso para que las gentes vean problemas pendientes de solución, en asuntos donde antes ni siquiera su atención paraban.
Esta labor ¿puede ser perturbadora?. Para unos lo es desde que ha aparecido; el sólo hecho de su existencia es una perturbación, pues intenta realizar lo que parece ser incumbencia de los partidos políticos. Ya hemos manifestado que no lo entendemos así, pues la transformación obrada en la política hace que las cámaras estén en su terreno al pedir lo que piden. Pero, por otros aspectos, ¿puede venir la perturbación. Evidentemente; si desconociendo que la obra de modificar lo existente es tarea que exige algún tiempo, que ciertas reformas han de ser impuestas por la opinión general, y no por una minoría de gentes inquietas, que no todas las soluciones que ofrecen son acertadas, y que la acción social debe ejercitarse dentro de la vida normal de las sociedades, se lanzan á exigir que sus reformas se planteen inmediatamente, sin mirar las oposiciones justificadas que puedan brotar, sin admitir modificaciones en su programa acaso beneficiosas, y para conseguir esto, apelan á soliviantar los ánimos y á producir convulsiones patológicas en el cuerpo social, en este caso obrarán como elementos perturbadores y, pasadas las primeras impresiones, la sociedad, por esa vis medicatrix que todos los organismos poseen, las lanzará de su seno, dejando de ocuparse de ellas, y caerán en el descrédito más absoluto.
De la dirección que tome, pues, su labor, depende que sea ésta beneficiosa ó perjudicial. Por nuestra parte, de todo corazón deseamos lo primero: falta hace que todos contribuyamos, libres de egoísmos, al engrandecimiento de la patria.
EDUARDO IBARRA Y RODRÍGUEZ,
Catedratico de la Universidad.

CUENTOS INFANTILES

II
El del Carmen que no se comió las perdices, siendo para él Pues, señor, se acercaba el día de la función de la Virgen del Carmen y ya no se hablaba de oita cosa en todo el pueblo mas que de los preparativos para aquel día, y el que más apurado estaba era el mayordomo de la Cofradía, pues él tenia que disponer muchas cosas y casi de lo que él dispusiera dependía que la función fuera buena ó mala. Lo que más le preocupaba al mayordomo era encontrar un predicador que diera gusto y, como no podía ser buen predicador si no venía de fuera, se echó á buscar uno de fama por todos los pueblos del contorno.
Por fin encontró uno que le llenó el ojo, lo dejó apalabrado para la víspera del día de la función y se volvió á casa tan contento que no podía disimular su regocijo. Sin embargo, no quiso extender por el pueblo la voz de que aquel año vendría un predicador como no se vio nunca, por varias razones: la una porque no dijeran que se daba tono, ya que traía él lo que no su pieron encontrar los mayordomos de otros años; la otra, para que todo el pueblo se sorprendiera agradablemente al oir una palabra tan divina, sin que antes se la hubieran ponderado, al revés de lo que siempre había sucedido, que se habían hecho muchas alabanzas del padre predicador y luego decían todos: «mal emplea o dinero; pira eso no hacía falta traer de fuera el predicador»; y la otra, para no verse corrido como una mona si, contra todas sus presunciones, llegaba á dar su predicador el mismo chasco que los otros. Así es que cuando le preguntaban «¿y qué tal predicador nos traerá usté este año?» no respondía otra cosa que «veremos á ver», aunque al decir esto revelaba, sin poder remediarlo, la gran satisfacción que sentía por lo seguro que estaba de que había de dar gusto el predicador.
Unicamente á su mujer manifestó el mayordomo todo su contento. Sólo hablando con ella dejó ver bien claro todo su orgullo por haber encontrado lo que nadie supo encontrar y lo que ni siquiera se merecía el pueblo, ni sabía apreciar ni agradecer. Y no contaba á su mujer las maravillas que podía contar del predicador con la idea de que ella las divulgara por el pueblo, sino para prevenirla favorablemente a fin de que tratara á cuerpo de rey a huésped tan ilustre como el que dentro de pocos días habría de alojar en su casa.
Pues, señor, el 15 de julio, muy de mañanita, ensilló el caballo y apárejo una mula el mayordomo y más hueco que un capazo boca abajo se fué a buscar al padre predicador.
Al caer la tarde emprendieron para el mayordomo la vuelta y para el padre predicador la ida, éste en el caballo y aquél en la mula, el mayordomo celebrando y a su propio triunfo por el éxito que indudablemente habría de alcanzar el predicador y el predicador, aunque hablando de varias cosas. Pensando sin cesar en si afianzaría ó perdería su alma con el sermón que había de predicar al día siguiente y dudando de conseguir el éxito que tan seguro veía su acompañante. Porque decía el predicador: «supongamos que lo hago bien, pero ¿y si no gusta? Ya sabe usted que vale más caer en gracia.... »
Sin necesidad de que el mayordomo hubiera elogiado mucho al predicador, desde antes de llegar á las eras del pueblo ya se encontraron al pueblo en masa, que salió á recibirles á las dos ó á las tres de la tarde y allí se estuvo hasta muy cerca de las diez de la noche, que es cuando llegaron los viajeros. Todo el pueblo se entusiasmó hasta más no poder: allí se dieron vivas al padre predicador, al mayordomo, á la Virgen del Carmen, á toda la Cofradía, al alcalde, á la alcaldesa, á la mayordoma, hasta al Gobierno; en fin, á todos menos al pobre cura del pueblo, á quien no se atrevieron á vitorear, no porque no se lo mereciera, sino porque lo que el pueblo diría: «pues, si echamos vivas al señor cura, ¿por qué vamos á buscar otro?»
No el médico ni el boticario, porque creían que creería la gente que era impropio de ellos, pero el alcalde y todos los ricachos del lugar se hubieran levado á su casa de mu y buena gana al padre predicador y le hubieran agasajado con voluntad verdadera, si no fuera porque el honor de hospedar á tan principal personaje correspondía de derecho al mayordomo, y se aguantaron la gana, quedándose cada uno con la esperanza de que otro año le tocaría á él esa distinción, sin que nadie se la pudiera disputar.
Se apearon los dos jinetes, saludaron á la comisión oficial que les salió al encuentro, pasaron por entre las dos filas que formaban los hermanos y hermanas de la Virgen y por entre medias de todo el pueblo y se fueron andando, seguidos de toda aquella entusiasta comitiva, hasta la casa del mayordomo, adonde únicamente se atrevieron á subir los principales del lugar, si bien es verdad que, exceptuando unos pocos jornaleros, todos se tuvieron entonces, por principales.
La mayordoma había estado todo el día preparando la cena para aquella noche y, como á su entender era cena que se podía presentar en cualquier parte, tenia mucho empeño en que el padre predicador cenara antes de que se fuera la multitud que, como Pedro por su casa, se le había entrado por las puertas de la suya sin necesidad de invitación. No se salió la mayordoma con su intento, pues entre que el predicador traía más gana de descansar que de comer y que algunos de los más principales estuvieron tan pos repaso su sermón hasta que se quedara dormido.
A sus solas, algo contrariado el mayordomo por no estar acompañado del predicador y muy contrariada la mayordoma por estar ya sin testigos que lo presenciaran, el matrimonio se cenó sus judías, sus albondiguillas de bacalao y... . nada más, porque aunque hubiera sacado la mayordom a arrope,, aceitunas, queso y algunos otros postres si hubiera cenado el señor cura, ni aun las rosquillas que hizo aquella tarde quiso sacar, lo uno de coraje y lo otro por si le hubieran de hacer falta para obsequiar á los convidados en la tarde siguiente.
Bien encargado se lo tenía el mayordomo á su consorte, pero volvió á encargarle que dispusiera buena y abundante comida para después de la fun- cion de iglesia, tanto más cuanto que se había acostado sin cenar el huesped á quien debían obsequiar hasta la impertinencia.
— Y ¿qué te parece á tí que añadamos? —dijo la mayordoma. — Pues, mira, añade lo que te parezca; pero, por lo memos, fríe con tomate unas lonchas de jamón para todos y haz un par de perdices estofadas sólo para el predicador. Mientras el sermón puedes estofar las perdices y después, cuando yo venga á casa, ya te cortaré el jamón para que salgan las lonchas más iguales y tengan mejor vista, que eso se fríe en un instante. Tranquilizada ya la mayordoma, y esperando dar gusto en la comida, se fueron á dormir en paz y en gracia de Dios, y aun estuvieron un buen rato hablando en la cama sobre lo que ya estaba preparado para la comida, lo que faltaba preparar, por qué orden se habían de presentar los platos, etc., etc. Poco durmió la mayordoma, pues al rayar el alba se levantó para ir preparando la comida, no fuera que salieran duros los garbanzos; aunque ya sabía que se cocerían bien, porque eran gordos y porque los había tenido á remojo con abadejo.
Allá á las siete se fué á decir misa el padre predicador y en cuanto volvió á casa le sacó la mayordoma una gran jicara de chocolate con bizcochos, un gran vaso de leche y una gran bandeja de rosquillas; pero, temiendo que si cargaba demasiado el estómago no estaría bastante despejada la cabeza para predicar y además se le quitaría la gana de comer, no probó el chocolate, ni los bizcochos, ni la leche, ni las rosquillas, por más instancias que le hizo la mayordoma.. Estuvo allí un buen rato, tan contento el padre predicador, haciendo tiempo hasta que se acercara la hora de ir á predicar, y cuando bien le pareció se despidió hasta luego dé la mayordoma y se volvi ó á la iglesia.
La mayordoma, que ya llevaba en buenas la comida, cuando tuvo estofadas las perdices probó el caldito á ver cómo lo encontraba y lo encontró tan bueno que dijo: «qué rico está.» Probó otra vez: «qué rico está». Probó una patita, á ver si la carne estaba bien tierna, y dijo: «qué rica está». Sacó una patita entera y dijo: «bah, una patita no se conocerá» y se la comió. Sacó otra patita y dijo: «bah, esta patita tampoco se conocerá» y se la comió. Sacó otra y di)o: «no, no, que se conocerá». Pero sacó una pechuguita y dijo : «bah, esta pechuguita nose conocerá». Sacó una alita y dijo: «esta alita no se conocerá» y sacó otra alita, y una cabecita, y otra alita, y otra pechujuita, y siempre decía: «no se conocerá». Y así fué sacando hasta que todo se lo comió. Entonces comenzó su apuro y su desesperación y su remordimiento, porque decía: «¿qué dirá mi marido, que tenía tanto empeño en que comiera perdices el padre predicador? y ¿qué haré y o ahora? ¿qué excusa daré? ¿qué otra cosa prepararé, si ya no hay tiempo, si en seguida van á venir? ¡Maldita sea mi golosina! Pero yo me las compondré.»
En éstas entró el cura tan satisfecho porque ya había predicado su sermón y saluda tan amablemente á la mayordoma; pero ésta no estuvo muy expresiva con el señor cura, y, al momento, comenzó á suspirar. En cuanto el señor cura notó la turbación y los suspiros de la mayordoma, trató de consolarla y de saber qué penas tenía, y ella, que ya tenía prisa de decírselo, porque el mayordomo llegaría pronto, le dijo: -Ay, señor, trabajos como los que á mí me pasan, no le pasan á nadie Y todo era suspirar y más suspirar.
-Vamos , vamos, sosiégúese usted, tranquilícese usted y deje las penas a un lado, aunque no sea más que por ser hoy el día de la Virgen.
—Ay! si por mí fuera no me daría cuidado; pero es que mi marido tiene manías, y se ha empeñado en cortarle á usté las orejas antes de comer.
—¡Ja, ja, ja! ¡calle usted, por Dios, señora! ¡qué bromista es usted! —Ca, no, señor, que es de veras; ya verá usté cómo, en cuanto venga, va á la cocina, afila el cuchillo y viene á cortarle á usté las orejas. —Vamos que no lo creo. ¡Si su marido de usted es un hombre tan razonable y tan carnoso; si le he caído tan en gracia! De cualquiera podría creer esa barbaridad, menos de él: lo he de ver y no lo he de creer.
—Nada, usté esté alerta y si observa usté que afila el cuchillo, escóndase usté por Dios.
— Bien, bien, tranquilícese usted y no tenga esos pensamientos. El mayordomo, que ya había recogido las hachas y había dispuesto lo necesario para la procesión de por la tarde, entra tan contento y saluda tan cariñosamente al predicador.
— ¡Vamos, vamos, que buen sermoncito nos ha echao usté! — ¡Bah! no, hombre, no: eso es favor que usted me dispensa. —No, señor, no, que todo el pueblo lo dice, que no hemos tenido nunca predicador como el de este año. Ya sabía yo que daría usté golpe; por eso le busqué á usté. Primero me dejo yo cortar las orejas que traer un predicador como algunos que han venido otros años á este pueblo. ¡Conque a ver si otro año viene ustéd
— No sé, no sé, ya veremos cómo salimos ahora de aquí.
—¡Ea ! pues ya, . . ¡mayordoma! ¿está la comida?
—Sí.
—Pues pon, pon la mesa, que ya tendrá buena gana el padre predicador. Pero, hombre, ¡no haber cenao anoche ni un boca o siquiera! — Y si tu supieras que tampoco se ha desayuna o esta mañana: ya puedes tener compasión de él y anímale á comer.
— ¡Los dos le animaremos!
Dio medio vuelta el mayordomo y se fué á la cocina á cortar las lonchas de jamón. Coge el cuchillo y, como cortaba poco, se puso á afilarlo en la boca de una tinaja. La golosa de la mujer va en seguida a avisar al señor cura; pero el cura, que estaba con el oído un palmo, en cuanto oyó el ris, ras, ris, ras, del cuchillo, no esperó aviso de la mayordoma, aun se determinó á entrar en la cocina á ver si era cierto lo que le decían sus oídos; y cuando vio con sus mismos ojos que efectivamente el mayordomo afilaba el cuchillo, creyó perdidas sus orejas y echó á correr como un desesperado hacia su pueblo. Así que la mujer noto que el predicador se había ido, le dijo al marido muy azorada: — ¡Mira que el padre predicador se ha escapao con el puchero de las perdices! ¡anda, corre, asómate y pídele siquiera una! Y el mayordomo que se había hecho la ilusión de que el predicador no se comería más que una perdiz y dejaría la otra para que se la comiera el matrimonio, salió al balcón corriendo y gritó: —¡Eh ! ¡eh! ¡siquiera una!
— Y el predicador, tocándose las orejas, decía asustado: —¿Una? ¡ni ninguna! ¡ni ninguna!
Y cuento contao por la chimene a se va al tejao.
Z.

D. FRANCISCO CODERA : MOHÁMED ATAUIL, REY MORO DE HUESCA

Si la historia de la dominación de los árabes en España en general es poco conocida, la especial de la parte más próxima á los Pirineos, y por tanto la que más importancia habría de tener para aclarar los orígenes del reino ó reinos pirenaicos, es mucho más obscura.
No pretendemos hacer esta historia, que respecto á los primeros tiempos de la dominación musulman ya bosquejamos en ocasión solemne aprovechando cuantos datos habíamos encontrado en autores árabes y cristianos anteriores al siglo xv: desde entonces hemos encontrado en los autores árabes algunos datos importantes relativos á los primeros tiempos, como son las indicaciones de que Huesca y Pamplona se entregaron por capitulación; de todo el siglo IX podrían reunirse bastantes noticias; por hoy nos limitamos á exponer lo que encontramos referente Mohámed Atauil, rey de la comarca comprendida desde Huesca á Lérida: algo dijimos de él en otra ocasión pero hoy podemos añadir algunos datos nuevos y fijar mejor su carácter.
Si la historia de este personaje, que estaría referida con alguna extensión en la Historia de los Beniatauil (su familia), de que hablan los autores árabes, hubiera llegado á nosotros, es seguro que muchos puntos de nuestra historia de Aragón recibirían de ella no poca luz: lo que hoy conocemos de este personaje, sólo puede servirnos para marcar algún jalón, que nos permíta la orientación en la intrincada historia de los reinos pirenaicos. El príncipe de nuestros historiadores árabes, Abenhayán, llama al rey de Huesca, Mohámed, hijo de Abdelweluc, hijo de Aabrit, conocido, dice, por Atauil, señor de Huesca.
Setenta años antes de aparecer en escena nuestro Atauil, encontramos de gobernador ó señor de Huesca á Xabrit, que puede perfectamente ser su abuelo: de este Xabrit dice Abensaid que era primo de Amrus (el Ambroz de nuestras crónicas) señor éste de la frontera superior, y añade que Xabrit estaba preso por Alháquem 1.

1)¡triir«o (h rereprióii leído ante la Real Academia de la Historia el dia 50 abril de 1879.
2 Ittileiin de la Real Academia de la Historia, tomo XXI, pág. 494 y tomo XXXII, pég. 101.
3 Discurso de apertura en la Universidad literaria de Zaragoa en 1.° de octubre de 1870.
ha Í M "^" " discutiremos el valor que aquí tiene la palabra w, muy oga en si y que 'Ujíar a nra\es errores. Ms. Ar. de la R. Ac. de la Hist. núm 80, fol. 268.

La primera noticia de nuestro rey Mohámed la encuentro en la relación de los sucesos ocurridos en el año 276 de la hégira (desde el 6 de mayo del año 889 á 25 de abril de 890, pues dice Abenhayán, tomándolo del historiador Isa Arrazí, que habiendo enfermado de fluxión ardiente, Ismail hijo de Musa, de la familia de los Benicasi, señor de Lérida, que se había rebelado
en la frontera superior, hubo de quedar ocioso, y se hicieron cargo del mando sus dos hijos, Musa y Motárrif, quienes no tardaron en salir á defender su distrito la Barbotania en el camino cayeron en una emboscada que les había preparado Atauil, rey de Huesca, que les disputaba el territorio: trabado un gran combate, fueron derrotados los dos hermanos con muerte de 300 de sus soldados, y perseguidos en su fuga, fue muerto Muza y hecho prisionero Motárrif, apoderándose Atauil de Lérida y la Barbotania: el imposibilitado Ismail murió por este tiempo (acelerando quizá su muerte la derrota de sus hijos), y Atauil y Mohámed Abenlupo se disputaron el gobierno de este distrito, nombrando arbitro al emir Abdala de Córdoba, quien lo adjudicó á Mohámed Abenlupo.
El mismo Abenhayán nos dice que en el año 283 (19 de febrero de 896 á 8 del mismo mes de 897) Lupo, hijo de Mohámed, comenzó á construir ó reparar el castillo de Monzón sobre el río de los olivos (el Cinca) del país de Barbotania: al saberlo Atauil, rey de Huesca, á quien pertenecía la Barbotania, reunida la gente de su distrito, se dirigió contra él con objeto de oponerse á su propósito: trabada batalla y teniendo Lupo menos gente que Atauil huyó; pero rehecho luego, volvió con cerca de 140 hombres que cayeron sobre Atauil, que sufrió vergonzosa derrota, cayendo prisionero su mismo hermano Fortiuno. Nada sabemos del rey Atauil durante los once años que median entre 283 y 294, y sospecho que el no darnos Abenhayán noticia alguna de él en este período, es porque sus armas se dirigirían contra los cristianos y, siendo Atauil rebelde contra el príncipe de Córdoba, poco interesaban á los de esta ciudad (y por tanto después á los historiadores cortesanos, las luchas que Atauil sostuviera con los cristianos de Navarra, Jaca, Sobrarbe, Ribagorza y Pallars: y sólo al llegar al año 294 (de 22 de octubre de 906 á 12 del mismo mes del 907) nos dice Abenadarí que Atauil se apoderó de los castillos de Barbastro y Alquézar y de la Barbotania, que sin duda habían obedecido hasta entonces al emir de Córdoba, formando parte del gobierno de Lupo, hijo de Mohámed.
Afortunado Atauil en sus empresas por estos años, en el siguiente se apodera de Monzón y Lérida y de muchos castillos de la Barbotania. Los años 908, 909 y 910 de J. C., debieron de ser de luto para los cristianos del condado de Pallars, pues dice Abenadarí que en el mes de moharrem del año 296 (octubre de 908 de J. C. habiendo salido Mohámed Atauil

1 Kl ti>\to de Abenhayán, lol. 66 del Ms. de Oxford y de la copia hecha para la Bibl. Nacional dice en los textos árabes al citar esta región hay mucha confusión; unas veces sole e '•^^J'-Js^;': otras de modo que podria sospecharse que algunas veces se trata de Koltana que nunca encuentro mencionada, si no lo es con el nombre i'^Jl-ls^). que no figura en el p; I \i i .iiitrio de laciil, dándose en cambio algunos detalles importantes de la /)'ir/.(>( 2 En ol texto se lee ,por U. de Oxford y de la lübl . Nac . fol.SS
lomo 11, pég . 117, edición Uoiy.

contra Pallars, hizo allí gran matanza: la gente del castillo de Roda envió un emisario pidiendo la paz, ofreciendo pagar el tributo y entregar rehenes; pero no habiendo sido aceptadas estas condiciones, hubieron de abandonar el castillo, que fué destruido por Atauil.
En el mismo año, al parecer en otra campaña, Atauil se apodera del castillo de Monte-Pedroso, y en el siguiente en el castillo de Olióla hizo 300 prisioneros, que fueron rescatados por 13000 monedas de oro, que Atauil invirtió en restaurar los muros de Huesca: destruido el castillo de Olióla, Atauil se dirigió á los de Gualter y Alguaires, que también destruyó.
Otra importante campaña de Atauil nos refiere el mismo Abenadarí, diciendo que en el año 298 (de 9 de septiembre de 910 á 29 de agosto de 911) Mohámed Atauil, habiendo salido hacia Aragón con objeto de dirigirse á Pamplona y unirse allí con Abdala hijo de Mohámed Abenlupo, llegó al castillo de Santa Bárbara, término de Monreal (?), cuyas inmediaciones incendió, destruyendo las iglesias de aquellos lugares (mayo de 910): desistiendo de reunirse con Abenlupo para atacar á Pamplona, dio la vuelta y habiéndose detenido en uno de sus castillos, llamado raraCasíill, supo que Sancho trataba de sorprenderle, y para esquivar el encuentro, salió de noche con algunos de sus soldados, siendo causa de la derrota de la gente del castillo.
A pesar del fracaso de esta campaña, en el año siguiente, Mohámed sale hacia el Valle de Barcelona, haciendo una incursión en el Valle de Tárrega: salió á oponerse el infiel Sunier (?), que fué derrotado por Atauil en unos desfiladeros.
Del año 300 no se cita expedición alguna de Atauil, de quien dice Abenadarí que fue muerto en el año 301, sin añadir dónde ni por quién; y como luego (pág. 172) dice que en el mismo año 301 fué muerto en Barcelona Abdala, hijo de Abdelmélic, hijo de Xabrit, que muy bien pudiera ser primo de Atauil, como nietos ambos de Xabrit, podemos suponer una nueva invasión en territorio de Barcelona, en la que murieran el rey y su pariente Abdala.
En la biografía de Afán, hijo de Mohámed, natural de Huesca, dice Abenalfaradí "que siendo encargado de la oración fué nombrado por Mohámed Atauil, de la guardia en Huesca.

1 Parece seguro que este castillo de Roda puede identificarse con la villa de Roda, core a del rio Isavena, sede episcopal por este tiempo, cuya iglesia fué fundada o reedificada pocos anos despues por el Conde Ramón y su mujer Ermisenda, habiendo sido consagrada en el año 'J.i, i,vías e Villanueva, Viaje literario, tomo XV, págs. 137 y 292.
2 dado el caracter de la escritura Srabr, es sumamente difícil acertar la correspondencia de los nombres propios de lugares: nuestro buen amigo, el Sr. D. Eduardo Saavedra, que tanto ha investigado la geografia árabe española, ha tenido la bondad de esludiar detenidamente el relato de estas campañas, y de proponernos la correspondencia de casi todos los nombres citados: en el texto este nombre se escribe ^^^j> 'J^ y parece ser (ilioh al N. de Agramunt en la provincia de Lerida : el Monte Pedroso quiza fuera lo que hoy es la ermita de Nuestra Señora de Pedruyenol (Termino de la Puebla de Roda).
3 Abenadari pone ti*l¿ Gudiíer ^ al N. de Pons y ylíffimire:, ambos en la provincia de Lerida.
Hoy castillo de Ruesia á 10 kilómetros al E. S. E. de Sos, que se llamó antiguamente (V CaxtirW, (Docum. inéditos de la Corona de Aragón, tomo 39, págs. 154 y 2G5). Abenadari, tomo II, pág . 1'i4. l> Bibl. Arab.-his. lu^ Vil, pág. 155.

Esta indicación nos suministra algún dato para resolver la cuestión de si Mohámed, hijo de Abdelmélid Atauil era verdaderamente rey de Huesca en el sentido que para nosotros tiene esta palabra, ó era simplemente un valí, ó sea gobernador.
Hay que convenir en que las palabras señor de Huesca, lo mismo pueden aplicarse en árabe á un rey, que á un gobernador.
también ó semirebelde contra el de Córdoba, podría interpretarse por una obediencia de Mohámed Atauil; pero más bien este hecho nos prueba que tanto uno como otro contendiente obraban con completa ó casi completa independencia al hacerse la guerra, y más por parte del de Huesca, que casi siempre figura como agresor.
El hecho de que Mohámed Atauil diese á un hijo de Mohámed el mando ó cargo de los juicios de la guardia, nos parece signo de que se daba aires de independencia, pues no recordamos haber visto mencionado este cargo sino en capitales de reino.
También es probable, por tanto, que acuñase moneda en Huesca, como la acuñaron los Benimuza de la Rioja.
Dos célebres documentos cristianos, que hacen mención de Mohámed Atauil, le suponen verdadero rey de Huesca, del mismo modo que á Mohámed Afcenlupo en Valtierra, ó en realidad en Tudela.
Un documento de San Juan de la Peña, que ha preocupado mucho á los historiadores aragoneses, navarros y franceses, está calendado diciendo: «Pacta carta, era DCCCCXXXl, regnante Rege Fortunio Gircianes in Pampilona, et comit é Gilindo Aznar in Aragón. Adifunsus in Galléela. García Sanz in Gallias, Raimundus in Paliares. Pagani vero, Mohomat eben Lupus in Batleterra, et Moho. Ti-t Atavel in Oica» 2.
Resulta de este documento, de acuerdo con lo que hemos tomado de los autores árabes, que en el año 893 de J. C. (años 279 y 280 de la hégira) era considerado como rey de Huesca Mohámed hijo de Abdel Tiéüc Atauil.
El célebre códice de Meya, publicado por el P. Traggi ya puesto en crédito por los señores Oliver y Hurtado, y que hoy parece ser el punto de partida para la historia pirenaica, hace también mención del rey Atauil, llamándole Rege Atóele Mauro, diciendo que «Doña Sancia hija del Conde Aznar II de Aragón, y nieta del rey García Iñiguez, por su madre Iñiga, hija de éste, casó con el rey Moro Atoel, quien de ella tuvo cinco hijos, llamados Abdelmélic, Ambeni, Fortunio, Aíua y Doña Belasquita, de quienes no tenemos otras noticias que las que nos da este antiguo códice, que algún escritor moderno sospecha que procede de las memorias primitivas del Monasterio de Leire, antes que funestas rivalidades de las Ordenes que habitaron aquel monasterio, corrompieran su antiguo archivo. 1 Véase Vives, Monedas de las Dinastias arago-españolas, numero
2 Oliver y Hurtado. Discursos en la llen i Acad. de la Hist., pág.
3 Mr. J'turijnin en su Historie, F.tntif hislariqus et criliqu'' -ur les orínenes Ju lto¡fiinme itr \,i,t„ ríe (;,t Lo he dicho en otra ocasión y lo repito: el saber que se habían escrito Historias de la familia de los Beniatauil, y de su émula y á veces aliada, la de los Benimusa de Tudela, y otras, animó ó más bien produjo mi afición á los estudios árabes, en la esperanza de que con ellas, si llegaban á encontrarse, podría poner en claro los orígenes del reino de Aragón y de Navarra.
Por desgracia no sabemos que tales libros se conserven en parte alguna: sospechamos que en Fez quizá se encuentren, pues tenemos la convicción y noticia concreta de que allí se conservan muchos libros de nuestros musulmanes españoles, desconocidos en Europa; pero dado el carácter reservado de los marroquíes y la repugnancia que tienen á que veamos sus libros, hasta el punto de no querer comunicar á la Europa, ni aun los muchos libros litografiados en Fez, no esperamos ver satisfechas nuestras primeras ilusiones; sin embargo, como los moros no son tan intratables con los cristianos cuando no hay testigos, si fuera joven y rico, no desconfiaría de conseguir algo en este sentido.
FRANCISCO CODERA,
de la Real Arademia de la Historia.
Valladolid c Enero de 1900.

PATRICIO BOROBIO : LA HIGIENE INFANTIL EN EL SIGLO XIX

Puede llamarse á este siglo que agoniza el siglo de la higiene, y en especial de la higiene infantil. La caridad cristiana, los sentimientos modernos de humanidad y el celo por la higiene han cooperado en favor de la infancia. Era preciso desplegar grandes cuidados, porque nuevos y numerosos peligros para el niño venían á añadirse á los y a conocidos y fundados en prejuicios hereditarios, y en malas disposiciones para todo lo que concierne á la higiene de la infancia.
El siglo XIX es el siglo del rápido desenvolvimiento de la industria, de la agravación de la lucha por la existencia, de la concentración de la población en las grandes ciudades. De aquí surgen condiciones higiénicas tanto más desfavorables, cuanto que obran por largo tiempo, y que actuan, sobre todo, en los individuos menos capaces de resistir: los niños.
En las clases inferiores, las madres obligadas á ganar el pan fuera de sus casas, no podían mantenerse en su natural destino: el de cuidar y vigilar la crianza de las nuevas generaciones. De otra parte, el refinamiento creciente de las costumbres, la sed de placeres, cada vez más viva, aumentaban de manera inaudita el número de las madres que no lactan á sus hijos. Esta disminución de la lactancia materna en las esferas superiores de la sociedad, y en la población industrial, es característica de la época moderna. Otras circunstancias desfavorables se añaden á las precedentes. Una de las más graves, es la degeneración física causada por la precocidad y la persistencia del trabajo de los niños en los talleres, y que se transmite de generación en generación con intensidad creciente. La exigüidad dé las viviendas, en las que se aglomera un número excesivo de individuos, sobre todo en los centros comerciales, y en las ciudades industriales, es una de las primeras causas de debilitación para la juventud.
El rápido crecimiento de las ciudades, viene á aumentar, en una medida hasta ahora ignorada, la dificultad de procurarse una buena alimentación para todos los niños lactados artificialmente. Por fin, el deseo excesivo de adquirir la instrucción, prepara grandes peligros para la salud física é intelectual de la juventud escolar, que al mismo tiempo sufre todas las influencias dañosas que para ella resultan del afán de placeres.
De estas breves indicaciones resulta que se había hecho necesaria una intervención enérgica de la higiene, Y así ha sucedido.
El siglo precedente había legado al nuestro un gran número de malas costumbres y de prejuicios á propósito de la higiene de los niños. Es verdad que aún se encuentran hoy día algunas de estas costumbres, que entonces se deploraban; pero otras, gracias á los médicos, gracias á la acción de la prensa, han desaparecido, ó están en camino de desaparecer, no en todas partes, pero al menos en las clases más accesibles á la instrucción y á los consejos. Los médicos se han ocupado en la dietética de la infancia, y en sus enfermedades, sino suficientemente, infinitamente más que antes. La consecuencia de estos estudios ha sido que los médicos son consultados, y ejercen una grande influencia sobre las enfermedades y la higiene de las nuevas generaciones.
La instrucción profesional de las matronas se ha perfeccionado, aunque en verdad no lo bastante en la higiene de los niños, para que estas mujeres presten servicios reales en las familias donde ellas son las principales consejeras. Por fortuna los manuales populares sobre cuidados al niño son numerosos en nuestra época, y ejercen una influencia favorable, por más que no han llegado á suprimir la principal causa del mal, la falta de lactancia materna.
No puede desconocerse que se ha mejorado mucho en las habitaciones para niños, en su limpieza y dirección, en el vestido y la higiene de la piel. Este cambio no proviene tan sólo de la mayor difusión de los conccimientos pediátricos; consiste también en que el bienestar material ha aumentado, y el sentimiento de la higiene está má s arraigado cada día. El hecho es cierto, cualquiera que sea su causa, si bien, es preciso exceptuar de él todavía las clases inferiores, y las puramente industriales de las poblaciones.
En lo concerniente á la alimentación artificial de los niños se ha progresado bastante en el sentido de renunciar al uso de las papillas indigestas, que si aun persiste en ciertas regiones, disminuye de día en día. Los chupadores se van desterrando. Los biberones antiguos, que tantos males ocasionaban, se han perfeccionado de tal modo que resultan casi inofensivos.
Muchas familias hierven la leche destinada á nutrir á sus hijos. La leche esterilizada es el mayor progreso realizado en estos últimos años, y el más interesante para la crianza del niño, que está hoy al alcance, en muchos puntos del extranjero, de las fortunas más modestas. No puede decirse otro tanto del creciente empleo, como pretendidos succedáneos de la leche, de las harinas preparadas, de anuncio pomposo, y cuyo uso tantos raquíticos engendra.
Numerosos adelantos, que sería prolijo enumerar, se han cumplido en la higiene de los niños que concurren á las escuelas. La higiene escolar casi pueda decirse que es de este siglo. La educación física, los diversos procedimientos gimnásticos, han recibido gran impulso en la primera mitad de este siglo en Alemania, Suecia y Dinamarca y más tarde en otros países. Este favor concedido á los ejercicios corporales, la parte que en ellos toman, ó deben tomar las niñas, forman un espectáculo tanto más agradable, cuanto que en el se busca, y se encuentra, un remedio contra el exceso de trabajos intelectuales impuesto á la juventud, contra ese terrible surmencige, de los franceses, que es hoy la preocupación constante de higienistas y pedagogos.
Baste lo dicho, con ser muy poco, para fijar los principales rasgos característicos de la higiene infantil en el siglo xix, y señalar el enorme progreso realizado, en esta materia, sobre los siglos anteriores. Todos los pueblos cultos cuidan con esmero de la salud de sus niños, porque comprenden que es la más valiosa fuente de su prosperidad y engrandecimiento. Algo se va haciendo en España, aunque muy á la zaga de los demás países; y mientras no lo entiendan así pueblo y gobiernos, no alcanzaremos el bienestar á que somos acreedores.
PATRICIO BOROBIO,
Catedrático de la asignatura :
Cuidado especial de las enfermedades de la infancia.

FRANCISCO AGUADO ARNAL : EL PADRE DE HUÉRFANOS

Incógnita
Continuo la obra que inicie en el número anterior de esta Revista. ¿Cuándo, cómo y por que nació la humanitaria institución del Padre de Huérfanos? Se trata de una cuestión de álgebra de la Historia, llamémosle así, que á pesar de no constituir el objeto principal de mi trabajo, me ha sugestionado con esa fuerza de atracción que suele tener todo lo misterioso. Hay que despejar una incógnita. Renuncio á ello porque no reúno las condiciones que para realizar tan ardua empresa se necesitan. Me conformo con una tarea más modesta: con la de formular la ecuación.
Cuando el tiempo pasa sobre el encerado de la vida, no perdona casi nunca detalle ni cifra ni signo que nos permita reconstituir con verdadera seguridad, con absoluta exactitud lo que existió. Sobre la misma superficie en que un día se leyó lo borrado por el tiempo, vuelven á escribir otras generaciones, y de esas sucesivas y continuadas escrituras quedan á veces algunos restos, (una inscripción, un monumento, un códice) que más parecen desesperantes rompecabezas para los nifios grandes, como llama D. Jose Echegaray, y no sin fundamento, á los sabios, que puntos luminosos providencialmente mantenidos, para que los hombre s se lancen á explorar las tenebrosas regiones del pasado.
Trato, pues, de poner en orden los datos que conozco, los focos de luz que he encontrado en mis pobres investigaciones sobre el Padre de Huérfanos, y allá otros más expertos, que no faltan en Aragón, trabajen si les place en aportar nuevas noticias y en averiguar lo ignorado.
El document o más antiguo que he visto entre los que se refieren al Pa dre de Huérjanos, es un Estatuto hecho y otorgado por la ciudad de Zaragoza en 21 de marzo de 1577. Es curiosísimo, forma parte de un volumen de acuerdos del Consejo de la ciudad, conservado en el archivo de nuestro municipio, lleva por epígrafe Estatutos para el Oficio del Padre de Huérfanos, y comienza con el siguiente preámbulo : Atendido y considerado que por estatutos muy antiguos de la Ciudad, hechos por el capisol y Consejo, confirmados por el Concello general de aquella y por costumbre antiquisima de tiempo ya memorial observada, aprobados y guardados; esta dispuesto y ordenado que hay a un padre de Huérfanos en la dicha Ciudad y lo que á cargo suy o ha de estar para el buen exercicio de su officio y aunque por esperiencia se ha visto que el dicho officio de padre de huérfanos ha sido y es muy útil y neceffario para el buen regimiento de la dicha Ciudad y beneficio de la república de aquella, empero por quanto por la mesma experiencia se ha visto que no esta llenamente dispuesto y proveydo lo que para bien y expedidamente exercitar el dicho officio conviene por haberse puesto muchos de fugio y estorbos en ello, y deseando poner en aquello mayor y más pronto remedio. Los Señores Jurados Capisol y y Señores Jurados de dicha Ciudad en partee añadiendo y declarando y en parte corrigiendo y enmendand o los dichos estatutos segun que por la variedad y discurso del tiempo se ha visto y verse conveniente y necesario, hicieron y ordenaron los estatutos ordinarios para el padre de los huérfanos, infra y siguientes».
De lo que se deduc e que el Estatuto de 1577 es un arreglo de Estatutos anteriores de los que no he podido hallar ni siquiera rastro en la esfera, repito que mu y limitada, de mis investigaciones; que el Padre de Huérfanos no funcionaba por aquella época con la regularidad y desenvoltura que fueran de apetecer, y que las necesidades á que respondía la institución reclamaban con más imperio que nunca una acción enérgica y eficaz por parte de las autoridades locales. Después del Estatuto de 1577, camino no ofrece grandes dificultades ni brinda muchas sorpresas. En la reglamentación posterior (Estatuto de 1628, Ordinaciones de la Recopilación de 1669, Reales Cédulas de 1717 y 1718) no hay encerrado mas problema que el de la desaparición del Padre de Huérfanos, y aquí, en este artículo, me propongo hablar de su incierto origen, de todo lo contrario en suma.
Antes del Estatuto de 1577, de ese documento, en el que indudablemente aparece por primera vez con carácter gubernativo el Padre de Huérfanos, ¿qué fué de la institución á que me reitero?. Al llegar á ese punto me veo obligado á ampliar el campo de mis pesquisas; tengo que dejar de circunscribirme al Padre de Huérfanos zaragozano, como he hecho hasta ahora, no perder de vista que tal magistratura se conoció también en otras poblaciones del antiguo reino de Aragón, y en Valencia y Navarra especialmente.
Demos de barato esos estatutos muy antiguos de la ciudad de Zaragoza á que alude el de 1577; no nos evitarían el acudir á un más atrás tan preñado de dudas y vacilaciones, tan torturador en las investigaciones históricas, como el más allá de los filófosos y de los grandes poetas.
En el capítulo que dedica D. José María Antequera en su Historia de la legislación española á estudiar el estado político y social de Valencia en la Edad Media, dice que «la excelente institucióri del Padre de Huérfanos, estaba destinada desde los tiempos de Pedro 11 á recoger los huérfanos de pa dre y madre, ó cuyo padre estuviese impedido, dedicándolos á oficio y vigilándolos». En una nota correspondiente al párrafo copiado hace constar que «como recuerdo de esta institución existe en Valencia la calle llamada del Padre de Huérfanos».
Lacónico está el Sr. Antequera. Su ligera noticia sobre la magistratura en estudio, más parece una breve ilustración al azulejo de la calle valenciana, que fragmento de una historia del Derecho patrio. Por este lado no descubrimos mucho horizonte, porque la rotunda afirmación del Sr. Antequera de que el Padre de Huérfanos surgiese en los tiempos de Pedro II, no vá reforzada con razonamiento, cita ó congetura dirigidos á probarlo.
El inolvidable y malogrado alumno de la Facultad de Derecho de Zaragoza, Sr. Plano y Sans, en unas cuartillas que escribió sobre este mismo tema sostenía que el Padre de Huérfanos se debió á la iniciativa de Pedro IV. Pero tampoco fundamentaba su aserto.
Yo, que como ya he dicho no aspiro á descubrir los orígenes del Padre de Huérfanos, veria con gusto que se interesasen en la resolución de este Eroblema algunas inteligencias muy duchas y expertas en esa índole de traajos. Prestarían un gran servicio á la historia regional.
Mientras tanto, y en otro artículo, pues es esta materia que por su aridez fatiga en grandes dosis, expondré la que, juzgando por pura impresión, opino acerca de la aparición del Padre de Huérfanos.
De la índole, fines, y reglamentación de tan hermosa magistratura, es pero sacar en limpio algo de lo que no he encontrado en viejos documentos ni en buenos autores. Pero la incógnita queda de todos modos sin despejar.
FRANCISCO AGUADO ARNAL.

A principios del pasado mes, dióse en espectáculo al pueblo de Madrid, en la plaza de toros, una lucha de fieras enjauladas. Mal dispuesta por el empresario la presentación, hízose preciso apalear á una osa desobediente que no quería someterse al programa anunciado; en la faena, al domador Malleu se le disparó una escopeta de pistón, cargada de perdigones, prevenida para el caso en que alguno de los bichos se escapara.
El tiro "no se perdió en el espacio; por desdicha recibió la perdigonada el público, quedando de ese lance multitud de personas heridas: uno quedó ciego, otro tuerto, quien con perdigones en la frente, quien en la oreja, cuello boca ó nariz; las consecuencias alcanzaron á más de treinta personas. Uno de los periódicos de más circulación de Madrid, tal vez el más influyente en la opinión de España, tocó á rebato para exigir responsabilidades de esta manera:
«Lo sucedido ayer tarde en la plaza de toros, revela un descuido, una imprevisión y un desdén de los deberes más elementales de las autoridades». «El gobernador civil ni siquiera estaba en la plaza». «Verdaderamente lo que ayer ha sucedido demuestra que estamos desprovistos de la acción tutelar y preventiva de las autoridades».
Con esos juicios se va educando la opinión española.
Ese periódico cree que «la lucha de fieras es un espectáculo bárbaro indigno de la cultura de Madrid, propio cuando más de aldeas salvajes»; y, sin embargo, no culpa á quien mantiene esos espectáculos, es decir, á los diez ó doce mil espectadores que acudieron á refocilarse, enterados de la barbaridad anunciada previamente en el cartel.
En vez de culpar á toda esa multitud (cosa que no conviene á ningún periódico) es más sencillo inventar una flamante teoría de gobierno, para echarle las pulgas al gobernador civil de Madrid.
Según se desprende de esa teoría el gobernador tiene como deberes elementales:
1." Disponer y arreglar cuidadosamente los espectáculos salvajes para que no se aburran los diez mil cultísimos madrileños que los pagan y presencian. 2." Estar siempre en los sitios donde se ofrezcan esas barbaridades, dejando sin autoridad, si es preciso, á todos los restantes madrileños que no tienen el capricho de pagar tales salvajadas.
Por Dios, señores, castigúese severamente á ese desdichado domador, si en el caso ocurrido hubo imprudencia temeraria, y al empresario hágasele pagar todas las resultas, por el descuido; pero no se acuda á la superstición política muy arraigada en nuestro pueblo, de achacarlo todo al gobierno.
Por mi parte, si no fuese por no desear mal al prójimo, casi me hubiera alegrado de que se hubiese repartido equitativamente la perdigonada, dando, en la misma punta de la nariz de cada espectador, un perdigón de mos tacilla, sin más consecuencias, ¡claro! que el susto y escarmiento.
Es quizá de la única manera con que se podrían acabar esas apoteosis ridiculas (que en la plaza de Madrid y otras ciúdales se hacen) del valor español representado por un toro que cornea á débilísimas fieras envejecidas en encierro de muchos años.
Esto es lo que ha ocurrido en lances anteriores, muy celebrados por los periódicos de gran circulación, cuando los que trabajan ante el púbico no han tenido el mal gusto de largar á éste una perdigonada.
EL DR. BRAYER.

E. I. : BIBLIOGRAFÍA

Historia de España y de la civilización española, por RAFAEL ALTAMIRA Y CREVEY, catedrático de la Universidad de Oviedo, C. de la R. A. de la Historia, de la Real Sociedad Geográfica de Lisboa y del Instituto de Coimbra. Tomo I, Barcelona, 1900, librería de Juan Gili, calle de las Cortes, núm. 223. Precio, fi pesetas.
El libro que con el precedente título ha publicado el Sr. Altamira va encaminado, según manifiesta el autor en el prólogo, á vulgarizar el conocimiento de la historia patria en tese público falto de tiempo y de preparación para leer obras extensas y de carácter crítico, ó para enfrascarse en el estudio de monografías, y en la masa escolar que cada día exige con mayor imperio libros acomodados á los modernos principios de la historiografía y á los progresos indudables que la investigación ha realizado de pocos años á esta parte, en lo que se refiere á la vida pasada del pueblo español.»
Tarea difícil es la intentada por el Sr. Altamira; pues, para realizarla debidamente, es preciso: 1." extraer las conclusiones á que los especialistas han llegado en sus trabajos de detalle ; 2." ponerlas en relación unas con otras, darles trabazón y formar con ellas un conjunto orgánico; 3." eliminar del relato histórico las falsedades y leyendas, substituyéndolas, en lo que sea posible, por los hechos ciertos, averiguados por los investigadores; y 4." dar un carácter enciclopédico al conjunto, de suerte que no sólo se estudie el aspecto político externo sino las diversas manifestaciones de la actividad española; pues sólo así el conjunto resulta completo. Agregúese la dificultad de encerrar todo esto en marco reducido, como es preciso hacerlo en un libro de no gran extensión, y se comprende la dificultad á que hacíamos referencia y el mérito que supone vencerla.
El Sr. Altamira la ha realizado cumplidamente; leída con atención su obra vescenella un notable progreso sobre los libros análogos al suyo; leyendas como la de la batalla del Guadalete, Covadonga y Oruel desaparecen, para que su puesto lo ocupen nuevas investigaciones; aspectos de la vida interna, sobre todo en los primeros tiempos de la reconqusta, descuidados por los historiadores, aparecen tratados con verdad y concisión; en la historia de los Estados musulmanes son muchas y muy nuevas las noticias que, recogidas de los especialistas, incorpora al cuerpo general de la historia, así como en la España romana y visigoda; en suma, dentro del estado actual de la investigación histórica, representa el libro un resumen fiel y completo de lo que está definitivamente averiguado.
Avaloran el libro multitud de grabados, en los que se reproducen objetos, trajes, monedas, etc., tomados de la realidad, en vez de fantasearlos á gusto del pintor ó dibujante; es ésta una novedad plausible, pues así van los lectores familiarizándose con el conocimiento directo de las fuentes monumentales epigráficas, numismáticas y arqueoligicas. Además el estilo es claro, sobrio y preciso, desprovisto de lirismos y retóricas; el autor deja hablar á los hechos, sin filosofia, exponiendo sus particulares opiniones, que por regla general en esta clase de obras tienen un valor puramente subjetivo que muchas veces carece de importancia. En suma, un libro recomendable bajo todos sus aspectos y por el cual merece su autor entusiastas plácemes que de todo corazón le tributamos.
E. I. 1

Del desastre nacional y sus causas, por D. DAMIAN ISERN. individuo de número de la Real Academia de Ciencias morales y políticas y exdiputado á cortes. — Madrid, imprenta de la Viuda de M. Minuesa de los Ríos, 1900. Cuarto, VIII, 536 páginas. Precio: 6 pesetas.
De entre la multitud asombrosa de escritores que se dedican á formar esa literatura especial que puede apellidarse de la regeneración española, se destaca con singular realce, por el valor propio, el Sr. Isern. Muchas de las obras de esta literatura pasarán pronto al olvido, después de un día de curiosidad y algunos ratos de desdén; la que nos ocupa, además de su mucha actualidad, merece ser leída y meditada largo tiempo. Ha sabido el autor reunir un cúmulo inmenso de datos bien elegidos y ordenarlos metódicamente, juzgándolos con criterio recto, imparcialidad y franqueza.
No se ha ceñido exclusivamente á una fase de la cuestión, sino que, comenzando por sus raíces más hondas y lejanas, sigue desentrañando el problema hasta la solución última.
Divide su cbra en dos partes distintas: 1.º causas del desastre y 2.º de sastre nacional.
En la primera estudia la desmoralización de la familia, su degeneración 3or causas morales y mnateriales, la falta de cumplimiento de los deberes en las distintas clases de la sociedad, desde el clero hasta la milicia; el contraste entre el derecho y los hechos en la constitución política española; la maléfica influencia de los partidos en Ultramar; la horrorosa ocultación de la riqueza hecha por todos, grandes y chicos, en especial los más influyentes, que impide la equitativa distribución de los impuestos y priva de poderosos recursos al Estado; la desdichada dirección de los ejércitos, con las dilapidaciones irritantes y abusos é imprevisiones y desconciertos que en el de mar y tierra se cometen; enumera entre las causas psicológicas el desequilibrio de facultades del pueblo español, por su educación viciada y mala organización de los estudios, etc., etc.
En la segunda parte describe la catástrofe con viveza y verdad. Es un libro en que se resume la desgraciada experiencia de los sucesos: algo bueno habían de tener tantas desdichas: al menos, aunque cara, debiera servirnos de lección.
Esta obra contribuirá á que no vayamos perdiendo la memoria de nuestros vicios.
La franqueza del autor es muy simpática: sin dejar de decir entera la verdad, jamás traspasa los límites de la discreción.
El libro está hermosamente impreso, y es barato. Ningún español debiera dejar de leerlo.
J. R.

MOVIMIENTO INTELECTUAL

Conferencias nniversitarlas. —El día 7 de febrero dio la anunciada previamente D. Luis del Río acerca del «-Primer caso en España de la aplicacióa del suero antivenenoso de Calmetle contra el veneno de las víboras».
Relató el caso clínico, en que intervino con éxito, y explicó los efectos de los venenos, especialmente el de la víbora, haciendo ante el público experimentos que éste aplaudió calurosamente.
El día 16 el Dr. D. Eduardo Ibarra disertó sobre «La llamada patología social». El día 19 tuvo lugar la sesión en honor del difunto Dr. D. Bruno Solano. Pronunciaron elocuentes discursos los Sres. Bormejo, Gila, Gimeno (D. Hilarión) y Vila Vendrell, y resumió el limo. Sr. Rector D. Antonio H. Fajarnos. Ateneo.— El día 8 de febrero dio su anunciada conferencia el Dr. D. Patricio Borobio acerca de "Los seres intermediarios entre los vegetales y los animales". El día 20 celebróse la sesión dedicada á la memoria del malogrado escritor aragonés D. Luis Royo Vilanova. Los Sres. Baselga, Ibarra, Moneva y Lozano leyeron preciosos trabajos en los que se estudiaba al Sr. Royo, como poeta, escritor científico, como ciudadano y periodista. La solemnidad fué digna de la persona á quien se dedicaba.
La comisión de juegos florales ha comenzado los trabajos de organización de esta fiesta para el próximo octubre.
La sección de ciencias naturales ha organizado unas muy útiles, amenas é instructivas «Conversaciones científicas».
La sección de artes plásticas, deseosa de honrar la memoria del insigne pintor aragonés D. Francisco Goya, ha iniciado la idea de levantarle un monumento. Para allegar recursos piensa celebrar una exposición artística en el próximo octubre, abrir suscriciones, etc., etc.
Academia de San E.nis Gonzaga.— El día de 2() de enero discutióse en la sección de derecho la memoria del Sr. Martell sobre la «Reglamentación del trabajo de las mujeres y niños».
El día 28 el Dr. D. José Jordán de Urríes disertó acerca de «La poesía lírico religiosa en Lope de Vega».
El día 5 de febrero dio una conferencia D. Mariano Paño en la que refirió «Una visita al museo de escultura de París», hecha por él mismo. Espuso proyecciones de modelos escultóricos.
El día 9 el Sr. D. Luis Navarro leyó un discurso que versaba sobre «El feminismo».
El día 16 D. Juan Clavero disertó sobre el tema «Sucesiones en Cataluña». El día 26 celebróse una muy agradable velada literario-musical. Leyó inspiradas poesías el Sr. Ram de Viu; D. Jorge Roques, cuentos deliciosos; y D. Mariano Berdejo, sentidos versos.
La parte musical estuvo desempeñada magistralmente por los Sres. Laguna, Peyrona, Claver, Felices y Abuelo.
Academi a calasancla.— El día 27 de enero celebró sesión privada, muy concurrida, donde disertó el R. P. Mozola, sobre «Aplicaciones de la física al estudio de los astros».
De los trabajos del laboratorio psico-fisiológico calasancio trataremos más extensamente en el número próximo. El exceso de original y el haber recibido las notas tardíamente nos obligan á ello.
Academia juridico-literarla.— El día 6 de febrero, D. José María de Lahoz disertó sobre «La diplomacia».
El día 13 D. José María de Ojeda pronunció un discurso cuyo tema fué «Biología nacional».
Atene o médico-escolar.— El día 26 de enero dio una conferencia sobre «Profilaxis de la peste» el presidente de la corporación, D. Ángel Abós. Su excelente trabajo fué calurosamente aplaudido.
Pocos días antes había disertado el distinguido alumno D. Andrés Ruiz acerca del «Diagnóstico de la peste».
Escuel a d e música.— El día 7 y 8 de febrero tuvieron lugar los primeros ejercicios prácticos, del presente curso.
Los alumnos, al ejecutar el programa, probaron brillantemente la fecunda labor de los maestros.
El público aplaudió con justicia.

NOTICIAS

La Real Academia de Ciencias morales y políticas ha concedido el premio Toreno á una monografía presentada por el Registrador de la Propiedad de Daroca, D. Diego Pazos.

Felicitámosle cariñosamente.

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Título: Revista de Aragón [Texto impreso]
Autor: Revista de Aragón (Zaragoza)
Editor: Revista de Aragón
Fecha de pub.: 1900-1905

Descripción: Fundada y codirigida por el catedrático valenciano y patriarca del arabismo español Julián Ribera y Tarragó (1858-1934) y el historiador zaragozano Eduardo Ibarra y Rodríguez (1866-1944) cuando coincidieron en la Facultad de Letras de la Universidad de Zaragoza. Aparece su primer número en enero de 1900 y ha sido considerada como una de las publicaciones más notorias de principios del siglo veinte, cuyo prestigió creció a nivel nacional y entre los hispanistas en el campo internacional. En ella confluyeron los temas eruditos y de investigación y los de crítica literaria, social y política, todo ello animado por un regeneracionismo conservador de corte universitario y un regionalismo moderado, pues en ella converge un destacado número de profesores y especialistas, a la vez que en su artículo de presentación se señalará en su dimensión regionalista que “para amar a una región no es preciso odiar ni ofender a nadie”. La publicación fue analizada por José-Carlos Mainer Baqué en su obra Regionalismo, burguesía y cultura (1982), de la que señala que apareció “con el impulso económico de la alta burguesía local”.
Será una revista con periodicidad mensual, publicando una sola entrega para los meses de julio a septiembre, al principio de 32 páginas, que muy pronto irá aumentando hasta superar ampliamente el centenar en algunas entregas, y que en contadas ocasiones insertará algunos fotograbados. Su paginación será continuada formando tomos anuales, que en los números de diciembre incluirá, al final, índices arreglados por orden alfabético de autores.
A partir de 1902 sus contenidos son formalmente estructurados en secciones. La de Historia estuvo a cargo del propio Ibarra y Rafael Altamira (1866-1951), y la de Filosofía, a cargo del profesor del Seminario de Zaragoza Alberto Gómez Izquierdo (1870-1930), que utilizará el seudónimo Dr. Grafilinks, y del también clérigo y arabista Miguel Asín Palacios (1871-1944). Al año siguiente, se sumará la sección de Arte, a cargo del crítico José Valenzuela La Rosa (1878-1957); y en 1904, la de Pedagogía, con textos del propio Ribera, y la de Filología e historia literaria, a cargo de Ramón Menéndez Pidal (1869-1968). También cuenta con una sección General, que llegará a tener paginación e índices anuales propios, en la que se incluyen textos de arte a cargo de Elías Tormo (1869-1957) y Vicente Lampérez y Romea (1861-1923); de política internacional, con artículos de Gabriel Maura Gamazo (1879-1963), o una sección varia, con textos del ya citado Ribera, considerado alma de la revista.
La publicación se había propuesto no privarse de tratar ninguna materia y sumará a sus páginas otros textos sobre ciencias, medicina, industria, comercio o agricultura, y sobre acontecimientos políticos, y aunque Ibarra, que utilizó los seudónimos Dr. Bráyer, Anacleto Rodríguez y, probablemente, Un Maestro de Escuela y la inicial Z (para escribir unos cuentos), firmaba una Crónica regional y se enmarcaba ideológicamente en el conservadurismo maurista, la revista se propuso también no “servir” ni a partido ni gobierno concreto alguno. En el plano religioso, se declaró nítidamente católica, pero tolerante.
Dispuso al principio de una sección de Intereses materiales y otra bajo el epígrafe Movimiento intelectual y, más adelante, una de Bibliografía y literatura moderna, que estuvo a cargo de Eduardo Gómez de Baquero (1866-1929), conocido por su seudónimo Andrenio, hasta que dimitió, y que contó también con el trabajo de Ramón Domingo Perés (1863-1956).
Su nómina de colaboradores, sumando los ya citados, fue amplísima y a ella hay que añadir al futuro catedrático de Derecho Canónico afín también al maurismo Juan Moneva y Puyol (1871-1951); al abogado y sociólogo de tendencia demócrata-cristiana Severino Aznar (1870-1959), que fue su revistero teatral además de tener la sección fija Hojas sueltas, en la que expuso su pensamiento social católico; al único socialdemócrata de la revista afiliado al PSOE, el obrero tipógrafo prietista Isidoro Achón Gallifa (1869-1941), que escribirá sobre cuestiones obreras y sociales en la sección General; al notario Luis María López Allué (1861-1928); al político Juan Blas y Ubide (1852-1923), a los abogados Rafael Pamplona Escudero (1865-1929) y Marceliano Isábal (1845-1931), al médico Vicente Gómez Salvo (1862-1937) o a Mariano Baselga (1865-1938). Resalta también en sus páginas, la serie que publica Santiago Ramón y Cajal bajo el título Recuerdos de mi vida; aunque del autor aragonés más notorio entonces, Joaquín Costa, sólo aparecerá un artículo, en la entrega de julio-septiembre de 1902, sobre dialectos aragoneses.
El estudio de Mainer destaca que los temas preferentes de la revista son los de investigación universitaria, principalmente los innumerables trabajos eruditos de Gómez Izquierdo y del grupo arabista formado por Ribera, Asín Palacios y Francisco Codera (1836-1917); y secundariamente los que tendrán como objeto afianzar una conciencia cultural regionalista. Para ello se producirá una fusión entre la investigación histórica y el regionalismo, y en este sentido son también extraordinariamente abundantes los temas aragoneses, con trabajos de Ibarra, como su trabajo sobre los estudios históricos de Aragón, de Asín Palacios y Giménez Soler, además de los de Mariano de Pano (1847-1948), Francisco Aznar Navarro (1878-1927) o Eugenio Salarrullana (1864-1920), sobre documentos de historia del reino de Aragón, así como los de Carlos Riba (1872-1949), Francisco Aguado Arnal o del citado Codera. Como apelación a la conciencia del pasado regional, desde la revista también se impulsó la participación en el III Congreso Histórico de la Corona de Aragón, que se celebrará en Valencia en 1907.
Al tema regional se añaden los artículos de viajes de Pano y Moneva, las excursiones pirenaicas y aragonesas de Vicente Castán y del jesuita Longinos Navás (1858-1938), respectivamente; los trabajos de catalogación monumental de Pano, o los textos sobre arte del citado pintor modernista José Valenzuela Larosa.
Además, desde sus páginas se intentó también edificar una literatura regional aragonesa, a través de textos de creación narrativa en los que intervienen los citados Baselga, López Allué, Blas y Ubide, así como los del militar Leandro Mariscal y el abogado José María Matheu (1847-1929), Alberto Casañal (1874-1943), Eduardo Ruiz de Velasco. A ellos se añadirán los cantares baturros, de Gregorio García-Arista (1866-1946), y las coplas festivas de Sixto Celorrio (1870-1924).

Revista de Aragón publicó su última entrega en diciembre de 1905. En febrero de 1906, Ribera, que había sido trasladado a la Universidad Central, e Ibarra, que todavía permanecerá algunos años más en la de Zaragoza, la continuarán pero bajo el título Cultura española, impresa en Madrid. Véase esta publicación también en la Hemeroteca Digital de la BNE.

Enlaces: Acceso al texto completo en la Hemeroteca Digital

Artículos referidos en su mayor parte a cultura de Aragón y de España.



Localidades y poblaciones en orden alfabético sobre Aragón

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Maravillate con los dibujos y acuarelas de Teodoro Pérez Bordetas .

La información no estará completa sin un paseo por sus tres provincias: Zaragoza , Teruel y Huesca y sus variadas Comarcas, con parada en alguno de sus espectaculares paisajes como el valle pirenaico de Ordesa o el Moncayo o por oposición en el valle el Ebro .

Si razones de trabajo o familiares te han llevado Lejos de Aragón puedes Bajarte imágenes de fondo, sonidos o animaciones

También puedes dedicarte a los intangibles: desde la recopilación de leyendas que hacen a Aragón universal tu también puedes perseguir la presencia del Santo Grial en Aragón .

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1900 marzo. Revista de Aragón. Zaragoza. número 3. Historia, cultura, literatura, libros, documentos, Turismo, tradiciones, costumbres, pueblos, paisajes, viajes, excursiones, cuentos, leyendas, música, actos, actualidad, conferencias, inauguraciones, monumentos artísticos.

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