El Arzobispo Don Hernando de Aragón
y
la capilla de San Bernado

El arzobispo de Zaragoza y virrey de Aragón, Don Hernando de Aragón, se distinguió por su formación humanista, ligada en particular a las disciplinas históricas, y por ser uno de los más importantes promotores artísticos del siglo XVI en Aragón, guiado casi siempre en estas tareas por la mano y decisión de su principal colaborador y asesor, el pintor Jerónimo Vicente Vallejo Cósida.

Don Hernando de Aragón

D. Hernando de Aragón (Colección Duques de Villahermosa) (*)


En 1546 el prelado comunica al cabildo su intención de afrontar la ampliación del templo metropolitano de la Seo, haciéndose cargo del grueso de los gastos. Las obras comienzan al año siguiente y se dan por concluídas en febrero de 1550. A continuación se inicia la dotación de las dos capillas que Don Hernando había reservado para su propio enterramiento y el de su madre, así como para el de sus criados. Ambas se sitúan a los pies de la iglesia y serán reconocidas bajo las advocaciones respectivas de San Bernardo y San Benito, como un gesto de respeto hacia la orden del Císter, cuyo hábito vistió siempre el arzobispo.

Don Hernando de Aragón había nacido el 25 de julio de 1498. Era nieto de Fernando II el Católico, hijo del arzobispo Alonso de Aragón y de doña Ana de Gurrea, y tuvo cuatro hermanos más, entre los que se contaron el también arzobispo zaragozano Juan II y el abad de Montearagón, Alonso. Falleció el 29 de enero de 1575, tras treinta y seis años de ejercer su cargo al frente de la archidiocesis zaragozana y nueve como virrey aragonés. Fue sepultado el 3 de febrero en la capilla de San Bernardo, donde ya habían sido trasladados los restos de su madre desde Veruela. Es inevitable recordar, como señaló Espés, la coincidencia de estas fechas fúnebres con las festividades de San Valero y San Blas, precisamente los santos que había elegido años antes don Hernando para presidir su sepulcro.

La concepción general y dirección de los trabajos de la capilla de San Bernardo recayó en el pintor Cósida, que, con la anuencia del arzobispo reunió a varios de los más destacados mazoneros e imagineros del momento, que a su vez contaron con diversas colaboraciones. Jerónimo Cósida proporcionaría a los artistas implicados muestras y dibujos que ellos debieron seguir más o menos fielmente. La mayoría de estas muestras se inspiran en dibujos y grabados italianos del Renacimiento que llegan a España por diversas vías: los libros impresos, las colecciones de dibujos o los propios repertorios generados en los talleres de los artistas italianos que se instalan en Aragón. El prelado confió las cuestiones legales y económicas al abad de Veruela, don Lope Marco.

Las tres piezas de alabastro que amueblan la capilla fueron sucesivamente contratadas y protocolizadas ante notario. El sepulcro de don Hernando lo fue el 18 de septiembre de 1550, confiándolo al mazonero Bernardo Pérez. Con el imaginero Juan de Liceyre, que había sido discípulo de Damián Forment, se contrató la sepultura de doña Ana de Gurrea, el 30 de mayo de 1551. Finalmente, el 9 de octubre de 1553 se realizó el encargo del retablo de San Bernardo que preside la capilla al escultor Pedro Moreto. La obra se remató con una cancela de latón llevada a cabo por Guillén Tujarón.

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