El
reino de Nepal está situado en la estribación de la cara
sur del Himalaya, tiene al Norte a China y al Sur a India. Semejantes
colosos no poseen como él las montañas más altas
del mundo. Su superficie lo relega a ser un pequeño país
más, sin embargo, posee el 2% de todas las plantas con flores
del mundo, el 8% de la población mundial de pájaros, el
4% de los mamíferos de la Tierra, 11 de las 15 familias de
mariposas del mundo, 600 familias de plantas autóctonas y, nada
menos que 319 especies de hermosas orquídeas exóticas.
Desde siempre, este territorio ha estimulado la imaginación de
Occidente.
Katmandú
La
capital del país, es una de las ciudades más caóticas
del planeta. El centro es un laberinto de calles estrechas, casas con
balcones de madera, mercados y templos hindúes y budistas. El
abarrotado centro histórico, con sus plazas y templos, conserva
un mundo a años luz de los suburbios y de los hoteles más
lujosos, restaurantes y comercios de las afueras. En el corazón
de la urbe se halla la plaza Durbar, con el río Vishnumati al
Oeste y el parque Ratna al Este. La frontera sur está
delimitada por el río Bagmati, y la norte, por la zona de reunión
de los viajeros con un presupuesto más exiguo, conocida como
Thamel.
La
plaza de Durbar, donde reside el antiguo palacio real, es una auténtica
maravilla. En su centro se levanta una decena de templos hinduistas en
forma de pagoda con ventanas y decorados tallados en madera de la época
Malla. Montones de estatuas de dioses protegiendo los templos, incluso
monos saltando por los techos. Eso, en el corazón de una
capital mundial. Y poca broma con los monos ya que son bastante
agresivos y si llevas algo de comida se te tiran encima como locos.
Lo
bonito de Katmandú es olvidar el mapa, ya que de poco sirve, y
hacer lo que esta ciudad caótica te está pidiendo,
perderte por sus callejuelas y encontrar estas maravillas de templos y
casas newarís y contemplarlas si es que el tráfico de
motos, taxis y bicicletas te lo permite. Parece como si aquí no
hubiera pasado el tiempo y la gente siguiera viviendo al estilo de la
Edad Media agregándole unas cuantas motos por en medio.
Patán
Segunda
ciudad del valle en tamaño, Patán se extiende al otro
lado del río Bagmati desde Katmandú. Patán se
enorgullece de sus templos y artesanos, además de haber reunido
varias obras de arte que decoran la sorprendente plaza Durbar, repleta
de la mayor muestra de arquitectura newarí de Nepal.
Entre
sus monumentos se encuentra el Palacio Real, en el que destaca un
cuarto de baño con una lujosa decoración, y el templo de
ladrillo de dos plantas, Jagannarayan, cuyos techos están
surtidos de esculturas en atléticas posturas sexuales. A corta
distancia a pie, en dirección norte desde la plaza, está
el templo Dorado, un monasterio budista custodiado por tortugas
sagradas que deambulan por el patio, y el Kumbeshawar, que data de
1392 y está considerado el templo más antiguo de Patán.
En dirección sur, desde Durbar, se extiende una zona de calles
de ensueño, flanqueadas por comercios de artesanos como los
herreros que no sólo ofrecen sus objetos, sino que permiten ser
observados cuando trabajan.
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