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Su estructura no es excesivamente compleja. En ella se puede establecer una primera división tripartita. La primera parte consta a su vez de tres discursos: los dos que pronuncian desde la muralla Príamo y Hécuba, padres de Héctor, intentando persuadir al héroe para que entre en la ciudad, y un tercero en forma de soliloquio que refleja el debate interior de éste. De un modo simétrico, en la última parte nos encontramos de nuevo con sendos discursos, en este caso de lamento, de Príamo y de Hécuba, y de un tercer episodio que nos cuenta cómo llega la noticia de la muerte de Héctor a oídos de Andrómaca, la esposa del héroe troyano, y su dramático discurso que gira en torno al tema de la orfandad. En el centro del libro se desarrolla la acción principal: primero la persecución y el posterior combate entre los dos contendientes, y a continuación el discurso victorioso de Aquiles y el posterior escarnio del cuerpo de Héctor. Episodios entre los que hay que intercalar los correspondientes a la intervención divina, que tienen como objeto reflejar, en un plano teológico, los elementos esenciales de la acción humana. ![]() Casandra ofrece una libación a su hermano Héctor, que va a partir al combate (Cerámica ática de figuras rojas, H. 425-420 a.c. Fundación Pomarici-Santomasi, Gravina in Puglia) Símiles Uno de los elementos de mayor interés de la técnica narrativa de Homero consiste en ir demorando la acción principal para alcanzar así un alto grado de suspense, y el libro XXII no es en este aspecto ninguna excepción. Para ello suele servirse generalmente de dos recursos: lo símiles y las digresiones. Las comparaciones en la Ilíada son uno de los grandes logros del poema, ya que al transportarnos, aunque tan sólo sea por unos instantes, lejos del campo de batalla, prestan una variedad a la acción que de otro modo podría caer en una árida y monótona descripción de combates singulares y batallas, aparte de acercarnos al mundo real del poeta y su audiencia. Pero no son estas sus únicas funciones; si por un lado dirigen la atención del lector sobre un punto de especial importancia en la acción, por otro le añaden una dimensión diferente y en ocasiones incluso la anticipan. A todo ello habría que añadir, ni qué decir tiene, su innegable valor estético. En el libro que nos ocupa las imágenes son bastante variadas desde un punto de vista temático. En él además de las tan típicas escenas cinegéticas o estrechamente vinculadas al mundo animal, predominantes a lo largo y ancho del poema, aparecen también otras de mayor originalidad. Entre ellas cabría destacar las que podríamos denominar como de carácter luminoso. Veamos algunos ejemplos: Aquiles en su avance es contemplado por Príamo desde las murallas: "como el astro que en la época de la cosecha se distingue por sus vivos rayos entre muchas estrellas en la alta noche y recibe el nombre de perro de Orión, el cual con ser brillantísimo, constituye una señal funesta, porque trae la fiebre a los míseros mortales". v 26 y ss. La imagen es de una brillantez aterradora. En efecto, se trata de la estrella Sirio, el astro fijo más brillante en el cielo, cuyo orto helíaco a mediados de julio coincide con la época del año más pesarosa en nuestro ámbito climático. Los antiguos, por lo tanto, la consideraban una estrella nefasta causante de calamidades. Pero la grandeza de esta comparación no radica tanto en su enorme plasticidad, cuanto en hacernos partícipes de los pensamientos y emociones de uno de los caracteres del poema. En su segundo ataque a Héctor, la famosa lanza del Pelida con la cual ha de asestar el golpe definitivo brilla: "Como el Véspero, que es el lucero más hermoso de cuantos hay en el cielo, se presenta rodeado de estrellas en la alta noche" v. 317 y ss. Es sin duda digno de ser resaltado el hecho de que el poeta, en el momento culminante del combate, y del libro, y tal vez de toda la obra, nos conduzca a una esfera tan absolutamente alejada, tanto conceptual como espacialmente, de lo que a continuación se nos va a relatar. Cuando Aquiles se dirige a enfrentarse con Héctor antes de la huida de este, sus armas brillan: "como el resplandor del encendido fuego o del sol naciente". Pero en este caso vayamos al original griego para que podamos apreciar también sus méritos a ojos de los antiguos comentaristas: ![]()
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© texto 2007 Rafael Lobarte |
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©2007 El Cronista de la red
Versión 15.0- Septiembre 2007