Gil Morlanes





     El templete renacentista de la Cruz del Coso


     El capítulo y consejo municipal de Zaragoza confía al piedrapiquero e imaginero Gil Morlanes hijo la construcción de un monumento para sustituir el viejo humilladero. La capitulación o contrato de la obra fue suscrita por las partes el 27 de marzo de 1534. En este texto se indican las razones que hacen necesaria la nueva edificación y que son tanto de índole histórica y conmemorativa -conviene honrar la memoria de lo acontecido-, como prácticas, pues era imposible conservar el humilladero existente. Se describe con cierto detalle además cómo ha de ser el monumento, haciéndose además referencia a la existencia de unas muestras que se han de respetar.

     En síntesis, el monumento elevado por Gil Morlanes era un templete de planta circular, con dos pisos de columnas dóricas, elevado sobre gradas para singularizarlo desde el entorno próximo y diferenciarlo de él, y cerrado por una cúpula en media naranja.

     Esta tipología de edificio circular, que se entiende forma perfecta, y elevado sobre gradas, responde con claridad a la tradición clásica de monumento funerario y conmemorativo, establecida desde Vitrubio y recogida y difundida ampliamente en el Renacimiento por toda la tratadística en general, y muy particularmente por Alberti en su "De Re Aedificatoria". Fue sin duda el carácter iconográfico del templete como símbolo de conmemoración de un suceso milagroso lo que determina, pues, la elección de la planta circular. De esta manera, el templete enlaza también con la tradición antigua cristiana, que emplea la tipología pagana clásica para los edificios de significado resurreccional, como son los baptisterios, y para los funerarios. Un ejemplo más próximo en el tiempo de esta misma tradición fue el Tempietto de San Pietro in Montorio, ideado por Bramante en Roma.


San Pietro in Montorio


San Pietro in Montorio (Roma)

( Fotografía: José Antonio Melendo ©)


     Morlanes tuvo que ser consciente de la idoneidad iconográfica de la estructura constructiva elegida, porque siete años antes había elegido otro tipo de templete -de planta rectángular en los dos primeros pisos y octogonal en un tercero, de cierre- para guardar una imagen de la Virgen en la Iglesia del Portillo, también en Zaragoza, y que construyó en el interior de dicho templo (4). No hay que olvidar que estas construcciones en templete se utilizaban también en otras manifestaciones artísticas, como las arquitecturas efímeras de celebración litúrgica, conmemorativa o funeraria: custodias, fiestas reales, catafalcos. Lo que se hace nuevo es la tipología elegida por Morlanes para el humilladero que conmemoraba a los mártires innumerables de la ciudad.

     Con la edificación, pues, del templete de la Cruz del Coso el piedrapiquero e imaginero aragonés aparece como directo responsable de la introducción en la ciudad y en Aragón de un concepto arquitectónico clásico, novedoso en el ambiente artístico de la urbe de aquellos años. Parece muy probable que Morlanes tuviera conocimiento de esta tipología constructiva no sólo a través de grabados y estampas que circulaban entre los talleres artísticos del momento, sino muy posiblemente a través de los propios tratados teóricos de arquitectura, indispensables para toda su actividad como constructor de mazonerías de retablos e ingeniero de importantes obras como el Canal Imperial. No es desdeñable a este respecto la estancia de Gil Morlanes en Toledo, antes de 1534, a donde acudió llamado por el emperador para dar cuenta de las obras del Canal Imperial y aportar su experiencia para el trazado de la acequia de Aranjuez. Allí pudo entrar en contacto con los círculos artísticos más avanzados del momento en la península ibérica, que le pudieron poner al día en las novedades llegadas desde la Italia del Cinquecento.

     Cierto es, no obstante, que la nueva Cruz del Coso tenía que estar en consonancia con el escenario urbano al que se debía integrar, dominado entonces por las construcciones más avanzadas de la ciudad, como las casas del protonotario Miguel Velázquez Climent, o la del secretario real Juan Coloma, en la que trabajó el mismo Morlanes hijo. De hecho fue esta plaza ciudadana del Coso, como entonces se consideraba a la ancha calle zaragozana, la que llamó especialmente la atención de todos los viajeros del siglo XVI y XVII, desde Andrés Navagero a García Mercadal o Joly. Dentro de esta plaza, el lugar del humilladero era de una especial significación simbólica, que pedía una tipología constructiva como la que propone Morlanes.



     (4) HERNANSANZ MERLO, A. "Columnas talladas atribuidas a Gil Morlanes (hijo)", en ALVARO ZAMORA, I. y BORRAS GUALIS, G. (coord), La escultura del Renacimiento en Aragón, Zaragoza, Ibercaja, Obra Social, Museo e Instituto de Humanidades "Camón Aznar", 1993, pp. 296-297.



Templete Iglesia del Portillo
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Versión 13.0- Enero 2007