Las Moradas de Eros





Epitalamio

¡Que entre en mi lecho, amor,
que ya me desespero!

Furtivamente traiga
un rubio haz de espigas.

¡Encienda con su boca
el gusto de mi boca
y avive con sus manos
la llaga del deseo!

Desnudos, tú y yo,
al fin estamos juntos
con los labios sedientos
y el pecho palpitante.

¡Libremos pues ahora
la más dulce batalla
y en un infierno ardamos
de luz y paraíso!

© 2006 Rafael Lobarte

Venus y Marte


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