Las Moradas de Eros





Epifanía

Cuando ya desesperaba
de que Amor por mí esgrimiera
entre salvas y atambores
sus antorchas leonadas,
ha venido el dios glorioso
disparando tales dardos,
tales flechas incendiarias,
produciendo aquí en mi pecho
alegría tan ardiente,
quemadura tan gozosa,
tan radiante llamarada,
que bien son merecedoras 
de la pena y el tormento
que sin duda has de causarme.

© 2006 Rafael Lobarte

Amorcillos


Seguir leyendo: EpitalamioSiguiente Página
Inicio

©2006 El Cronista de la red